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De: Fundación Señora de todos los Pueblos,
Los mensajes de la Señora de todos los Pueblos, Amsterdam, 2006



Primer Mensaje - 25 de marzo de 1945
Fiesta de la Anunciación a María, Domingo de Ramos

La Señora se aparece

Era el 25 de marzo de 1945, fiesta de la Anunciación. Mis hermanas y yo estábamos sentadas alrededor de la estufa de la calefacción, conversando. Era tiempo de guerra y fue un invierno de hambre. El Padre Frehe se encontraba ese día en la ciudad y vino a visitarnos. Estábamos muy entretenidos hablando, cuando de repente me sentí atraída hacia la habitación de al lado y de pronto vi salir una luz. Yo me levanté y fui hacia allí. La pared desapareció ante mis ojos y todo lo que allí estaba había desaparecido. Era todo un mar de luz y un vacío profundo. Y de esa profundidad vi surgir de pronto una figura viviente, una silueta femenina. La vi a mi izquierda, sobre mí, vestida con un traje largo y blanco y con un cinturón; realmente femenina. Estaba con los brazos extendidos hacia abajo y con las palmas de las manos abiertas. Mientras la contemplaba, tuve una sensación extraordinaria. Pensé: “Tiene que ser la Santísima Virgen, no cabe duda”.

Anunciación de la liberación de Holanda de la ocupación alemana

Entonces, la figura empieza a hablarme y me dice:
“Repite lo que digo”.
Y yo empiezo –Ella habla muy despacio– a repetir palabra por palabra.
Ella levanta primero tres dedos, luego cuatro y después cinco, mientras me dice:
“Ese 3 es marzo, el 4 es abril y el 5 es el 5 de mayo”. [ -nota 2]

El Rosario y la oración

Entonces Ella muestra el rosario y dice:
“Es gracias a esto. ¡Perseveren!”.
Se detiene un instante y dice:
“Hay que difundir la oración”.
Después veo a mi alrededor muchos soldados, son aliados, y la Señora los señala. Entonces toma la crucecita del rosario y señala el crucifijo. Indica de nuevo a los soldados. Yo comprendo que ése debería ser el apoyo de la vida de los soldados, porque la voz dice:
“Ahora estos se irán pronto a casa”.
Y señala a las tropas.

La Señora, Madre

Mis hermanas y el Padre Frehe se acercaron a mi lado, de pie. Oyendo él que yo hablaba, dijo a una de mis hermanas: “Escribe lo que dice”. Después de haber dicho un par de oraciones, le oí decir: “Oye, pregúntale quién es”. Y entonces yo pregunto: “¿Es usted María?”. La figura me sonríe y responde:
“Me llamarán ‘la Señora’, ‘Madre’”.

La Cruz

Esa imagen desaparece ante mis ojos y después me miro la mano. Entonces colocan una cruz delante de mí, y yo tengo que levantarla. Yo la levanto lentamente y es muy pesada. Después que la figura dijo todo, se fue lentamente. A continuación desapareció también la luz y a mi alrededor en la habitación vi todo como siempre.


Segundo Mensaje - 21 de abril de 1945

La imagen de la Señora

De repente me veo llevada a una iglesia. Entonces me digo: “Estoy frente a un altar especial y veo la imagen de la Señora”. Es una imagen de la Señora, como la vi la primera vez. Se encuentra rodeada de flores. Hasta en los peldaños del altar veo una enorme cantidad de flores. Miles de personas están arrodilladas ante el altar.

La Paz en Cristo

La imagen me mira y amonesta con el dedo. Tres veces dice:
“Ustedes, hombres, conservarán la paz si creen en Él. Difunde esto”.
Diciendo así, la Señora me pone un crucifijo en la mano y señala el crucifijo, que tengo que mostrar a mi alrededor.

Nuevo peligro

Después me lleva como afuera de la iglesia, y allí, frente a mí, veo un vacío infinito. Pero mientras miro el vacío, veo en él cabezas humanas. Entonces es como si tuviera que sacar de acá y de allá alguna que otra, y la imagen me dice:
“Son personajes que otra vez están planeando algo”.

Israel resurgirá

Entonces veo una escena de gentes que huyen y se alejan, y en mi interior percibo: Esto es el éxodo de los hebreos de Egipto. Mientras la Señora indica el éxodo, dice:
“Pero Israel resurgirá”.
Sobre la escena del éxodo, veo en las nubes una figura de Dios Padre. Se cubre los ojos con las manos y la Señora me dice:
“Y Yahvé se avergüenza de su pueblo”.

Caín y Abel. Las tablas de piedra

Después veo muy claramente la escena de Caín y Abel. Y allí hay realmente una gran mandíbula de asno. Veo a Caín huir.
A continuación, veo a alguien con una túnica larga, con barba, y en sus manos dos tablas de piedra. Las tablas están escritas en un idioma que no conozco. Entonces las dos tablas se hacen añicos. Veo los pedazos tirados en la arena.

La procesión del Milagro

Después, soy puesta de nuevo ante el altar y veo como una procesión que pasa afuera de la iglesia. La Señora me la indica y dice:
“Ésa es la procesión del Milagro de Amsterdam”. [ -nota 3]
Veo pasar la procesión por el centro antiguo de la ciudad. Hay también un sacerdote que camina delante con Nuestro Señor. Entonces veo que la procesión se dirige de repente hacia esta parte (Amsterdam Sur), hacia una explanada. Después todo desaparece.


Tercer Mensaje - 29 de julio de 1945

Yahvé advierte

Oigo otra vez esa voz y veo de repente un altar para sacrificios antiguo. El humo desciende. Oigo esa voz que dice:
“Yahvé advierte a su pueblo”.
Entonces oigo:
“Sean fieles. Han dispersado a mis ovejas”.
Al oír estas últimas palabras, veo ovejas que se separan y que se van por todo el mundo.

Vengan, fieles

La Señora planta ahora una cruz sobre el altar de los sacrificios y entonces veo como si el mundo entero estuviera allí alrededor. Sin embargo, todos están cabizbajos y apartados de la cruz. Entonces oigo:
“Vengan, fieles”.
Y veo que se pasa un cáliz entre la multitud.
“Pero para una parte es inútil”,
oigo decir.

Cristo, el camino

Tengo que mirar hacia arriba y de repente veo a la Señora de pie, que sonríe, extiende los brazos y dice:
“Ven”.
Ante mí se encuentra una multitud de toda clase de hombres: señores, hombres fuertes; también sacerdotes y religiosos, vestidos de negro. Hay entre ellos gente buena y menos buena. La Señora los invita a ir con Ella. Ahora veo un camino largo y difícil ante a mí y al final una luz resplandeciente.
“Eso es”,
dice la Señora, y con un gran gesto indica a los hombres que tienen que ir por dicho camino. Es difícil y fatigoso; algunos caen por los dos lados. La Señora los mira con materna solicitud y les sonríe siempre. Entonces veo escrito ante a mí: “Volver a la vida con Cristo”.

Inglaterra y Estados Unidos

Después de esto la Señora mira triste y dice:
“Inglaterra me volverá a encontrar”.
Hace una pausa y entonces dice bajo y lentamente:
“También América”.
Entonces la Señora se va lentamente y veo una niebla extraña que se extiende sobre el mundo.


Cuarto Mensaje - 29 de agosto de 1945

Tristeza y alegría

Veo a la Señora de pie. Me indica que tengo que mirarme la mano. Veo como si de ella salieran cosas extrañas. Veo una gran tristeza; me la ponen en la mano y tengo que mirarla. Cuando miro mi mano, siento que me sobreviene una gran tristeza.
La Señora sonríe y dice:
“Pero después vendrá la alegría”.
En ese momento puedo sentir también la alegría. Veo rayos, rayos luminosos.

Una sola Comunidad

Después veo grandes edificios, iglesias. Aparecen toda clase de iglesias, no sólo católicas. La Señora dice:
“Tiene que formarse una sola Comunidad”.
Al oír estas palabras siento unos terribles dolores en mi mano. Estas iglesias serán azotadas por tormentas.

Período de tres Pontífices

La Señora muestra ahora tres Papas. A la izquierda, en lo alto, está el Papa Pío X. En medio está nuestro Papa, Pío XII, y a la derecha veo un nuevo Papa. [ -nota 4]
La Señora señala los tres Papas y dice:
“Estos tres son una época. Este Papa y el nuevo son los luchadores”.

Una nueva guerra

Entonces la Señora señala una nueva guerra, pero extraña, para mucho más tarde, que ocasionará terribles desastres. [ -nota 5]

La formación de los religiosos

Ahora veo pasar filas de jóvenes eclesiásticos. La Señora dice:
“Sin embargo, hay mucho que cambiar en la Iglesia. La formación de los eclesiásticos tendrá que ser modificada; más moderna, una formación que sirva para este tiempo, pero buena, con el buen espíritu”.
La Señora dice esto último con fuerza.
Veo de repente una paloma que vuela alrededor de mi mano. La agarran, pero ella sigue volando alrededor. La paloma emana nuevos rayos.
Entonces la Señora señala al Papa y dice:
“Hay que dar mayor espacio, más espacio social. Diversas tendencias se inclinan hacia el socialismo, lo cual está bien, pero eso puede hacerse bajo la dirección de la Iglesia”.
La Señora pone un rostro afligido y dice:
“Hay muchísimo que cambiar en la formación”.
Veo enormes corrientes contrarias; muchas oposiciones en contra de eso en la Iglesia.
Y entonces la Señora se va de repente.


Quinto Mensaje - 7 de octubre de 1945
Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

Los pueblos de oriente

Veo un sol y una media luna, y percibo en mi interior: Eso es el Extremo Oriente. En China veo una bandera roja [ -nota 6]. Después veo musulmanes y otros pueblos, veo por un lado rojo y por el otro negro, pero este último mucho menos. Oigo esa voz que dice:
“Es como si se encogiera”.

El camino al castillo

Entonces veo un camino largo y hermoso. Tengo que ir por ese camino, pero siento como si no tuviera ganas. Yo represento a la humanidad. Entonces voy por ese camino. Estoy tan cansada, pero de todas formas he de proseguir, aunque sea muy despacio. Estoy al final del camino y me encuentro ante un castillo grande, con torres. La puerta se abre de adentro hacia afuera. Una mano me invita a entrar, pero yo no quiero. Es como si quisiera echarme atrás; pero de todas formas entro. Alguien me toma de la mano y veo a la Dama de blanco, a la Señora. Me sonríe y me dice:
“Ven”.
Siento dolor en mi mano y casi no lo soporto, pero la Señora me la tiene fuerte y proseguimos juntas.

El jardín de la Justicia

Llego a un jardín hermoso, magnífico, muy diferente de los que se ven aquí en la tierra. La Señora me lleva a un sitio y dice:
“Ésta es la Justicia; ellos tienen que buscarla allá afuera y volver a encontrarla, porque si no el mundo se perderá de nuevo”.
Mientras la Señora dice eso, indica hacia afuera. Es como si yo pudiera sentir la Justicia. La mano me duele tanto, no lo soporto, pero la Señora sonríe y seguimos.

El jardín de la Verdad

Vamos a otra parte del jardín. La Señora dice, mientras mueve el dedo como advirtiendo:
“Ésta es la Verdad. Escucha bien. También la Verdad está aquí dentro, pero no ahí afuera, en absoluto”,
dice de nuevo.
También la Verdad llega a mí como una sensación. Quiero soltarme de su mano y digo: “Es tan pesada”.

La Iglesia Católica

Pero entonces la Señora me señala algo y es como si yo, volando como un pájaro, me encontrara sobre algo. Levanto dos dedos y veo de pronto a nuestro Papa y allá abajo el Vaticano.
Después veo toda la Iglesia de Roma. Sobre el Vaticano, en el aire, veo escrito con letras grandes y claras: “Encíclicas”.
“¡Ése es el buen camino!”,
me dice la Señora con fuerza.
“Pero no son puestas en práctica”,
añade tristemente.
Veo de nuevo el Vaticano y toda la Iglesia Católica a su alrededor. La Señora me mira y se lleva un dedo a los labios, diciéndome:
“Esto es como un secreto entre tú y yo”,
y de nuevo se pone el dedo sobre los labios y dice en voz muy baja:
“No siempre ahí tampoco...”.
Me sonríe de nuevo, me mira como dándome ánimo y luego dice:
“Pero puede arreglarse”.

Ir con los tiempos

Y entonces veo otras iglesias de diferentes confesiones. La Señora levanta el dedo advirtiendo y dice, mientras me muestra otra vez toda la Iglesia Católica:
“Sin duda la Iglesia Católica puede crecer, pero…”.
Entonces se detiene y veo pasar ante mí filas enteras de clérigos, de estudiantes, de monjas, etc. La Señora mueve otra vez la cabeza y dice con énfasis:
“Es muy triste, pero todo eso no sirve para nada”.
Y otra vez dice:
“Todo eso no sirve para nada”.
Ella mira seriamente a su alrededor e indica a los estudiantes, sacerdotes y religiosos, diciendo con tono firme:
“Una mejor formación, conforme a los tiempos, más moderna, más social”.

Una nueva y blanca Paloma

Entonces veo volar sobre nuestra Iglesia una paloma negra. Yo digo: “No blanca, sino negra”. La Señora señala la paloma y dice:
“Ése es el viejo espíritu, que tiene que desaparecer”.
Veo de repente que esa paloma se transforma en una paloma blanca. La Señora dice:
“Ésta es una nueva Paloma, blanca. Ella envía sus rayos por todas partes, porque el mundo se está tambaleando; un par de años más y el mundo se destruiría, pero Él vendrá y restaurará el mundo. Sin embargo…”
–la Señora se detiene un instante–
“...tienen que escuchar”.
La Señora acentúa la palabra “tienen”, como si advirtiera de nuevo. Luego dice:
“Los hombres quieren salir de aquí, no quieren estar en este lugar, ya no les interesa”.

Tomar la Cruz

Entonces me lleva de nuevo y seguimos hasta el fondo del jardín, hasta que llegamos ante una gran Cruz.
“Tómala. Él la llevó antes que tú”,
dice la Señora.
Yo rehúso y siento como si todos los hombres de todo el mundo hicieran lo mismo y volvieran la espalda a la Cruz. Me tira de la mano y veo que la Señora está de nuevo delante de mí, con su mano en la mía, y me dice otra vez:
“Ven”.

La Cruz por el mundo

Y ahora veo una Figura resplandeciente, luminosa, con un vestido largo, que va caminando delante de nosotros. Es la figura de un hombre, pero todo espiritualizado. Lleva una cruz grandísima, como arrastrándola por tierra. No veo su rostro; es todo un rayo de luz. Va por el mundo con la Cruz, pero nadie Lo sigue.
“Está solo”,
me dice la Señora.
“Va solo por el mundo, y todo seguirá de mal en peor hasta que en un cierto momento suceda algo grave y de repente la Cruz quede plantada en medio del mundo. Ahora sí que tienen que mirar, quieran o no”.

El triunfo de la Cruz

Entonces veo muchas imágenes extrañas. Veo caer cruces gamadas (cruces nazis) bajo la Cruz, las veo caer. Después veo estrellas; todas caen; hoces y martillos: todo cae bajo la Cruz. Veo rojo; lo rojo no desaparece del todo. La Señora dice:
“Todos miran hacia arriba. Ahora, de repente, sí que quieren, pero a costa de… Estaba todo negro sobre el globo, pero ahora todo está iluminado. Ya ves que nada tiene importancia”.

El Rosario

La mano se me vuelve más ligera.
Después veo de nuevo a la Señora de pie, con el rosario, y dice:
“Sigan rezando; ¡todo el mundo!”.
Ella señala la Cruz y dice:
“Todo el mundo tendrá que volver a ella, desde el más grande al más pequeño, tanto el pobre como el rico; pero costará mucho”.

La Señora ayudará

Ahora veo el globo terrestre ante mí, y la Señora, poniendo un pie sobre él, dice:
“Yo pongo el pie sobre el mundo. Yo los ayudaré y los conduciré hasta la meta, pero tienen que escuchar”.
Entonces todo desaparece ante mis ojos.



Sexto Mensaje


 
 
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