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Archivo - Jornada de Oración en Düsseldorf, 2 de septiembre de 2017




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Testimonio enviado por
S. E. Mons. Jan Sobilo
Obispo auxiliar de Charkiw-Saporoschie,
Ucrania

Desgraciadamente no puedo venir personalmente a mi tan amada Jornada de Oración en honor de la Madre de todos los Pueblos en Düsseldorf. Espiritualmente estaré con vosotros y les envío el texto de mi testimonio. Por favor, permítanme que de todo corazón les repita este testimonio que hace poco pronuncié en la Jornada de Oración en Eslovaquia.

Cada vez que voy a la zona de guerra, con frecuencia hablo con soldados del ejército ucraniano, y también voy al lado enemigo, donde se encuentran los separatistas.

Los soldados me dicen que ellos no entienden esta guerra. El sentido común dice que no tiene lógica. Cinco años atrás, nadie se hubiera podido imaginar que algo así pudiera suceder. Pero el espíritu maligno preparó esta guerra. Por esta razón hasta los simples soldados, que nunca fueron a la iglesia, dicen que sólo Dios puede detener esta guerra.

Estamos viviendo en una era de grandes transformaciones, las que traen consigo graves peligros para la Iglesia y toda la humanidad.

En todas partes del globo terrestre están pasando cosas terribles. En algunos acaece ante nuestros ojos la Tercera Guerra Mundial. En el escenario internacional reina la confusión, y la situación político-económica es muy tensa a nivel mundial. Estas son apenas pequeñas señales del gran combate que está sucediendo a nivel espiritual. Todo lo que a Dios se refiere y está en relación con la verdadera Iglesia, en la que Pedro está, se halla expuesta a ataques frontales. La santa Iglesia y todos sus hijos están bajo el peligroso bombardeo por parte de aquelllos, quienes consciente o inconscientemente están al servicio de los enemigos de Dios.

La guerra continúa en Ucraina oriental. Mueren soldados y la población civil. Ya yacen muchísimos soldados anónimos enterrados en los alrededores de mi sede episcopal Sebaroschie. Ellos ya nunca más regresarán a sus familias, a pesar de que sus madres esposas e hijos esperan su retorno. Muchas personas han sido obligadas a dejar sus casas y a abandonar su patria. Muchos de ellos se quedan sin atención médica y sin los más importantes medios de primera necesidad. Este problema no tiene solución a nivel político y económico.

Por esta razón sólo en Dios Padre, hay esperanza, quien a través de la Virgen María puede enviar generosamente todas las gracias a la humanidad. La Madre de Dios es nuestra Madre. Ella es la Mamá de los católicos, ortodoxos, protestantes y de todos, incluyendo a los ateos. Desgraciadamente los ateos no saben nada de su amor y los protestantes no entienden en su totalidad la importancia de la Virgen María.

Yo me alegro mucho cuando soy testigo de la conversión de muchos protestantes, y soy feliz que ellos puedan dar un testimonio muy hermoso sobre la grandeza y el poder de intercesión y mediación de nuestra Madre celestial.

Como intercesora Ella no pide solamente por el pueblo ruso, sino también por los alemanes, ucrainos, polacos, por los eslovacos y checos y Ella no guarda rencor a los hijos que no la entienden. Ella implora por la salvación de cada alma y quiere que nosotros le ayudemos en esto. Por esta razón, cada uno de nosotros en estos tiempos tan difíciles de guerra, tiene que ser un soldado de la Madre de Dios. Ella es la MUJER, y junto con Ella la humanidad podrá vencer en esta guerra; se trata de la salvación del mundo.

El triunfo, la victoria del Inmaculado Corazón de la santísima Virgen María será también el triunfo de sus hijos y soldados. Nosotros, sus soldados, nos alegraremos con su victoria, la que nos abrirá las puertas de una nueva realidad, sobre la cual San Juan Pablo II dijo: “Se acerca una nueva primavera para la Iglesia”.

Gracias a estas Jornadas de Oración puedo llevar las imágenes con la oración de la Madre de todos los Pueblos hasta el frente de guerra.
Estas imágenes con la oración la llevan consigo los soldados en ambos frentes de guerra. Exiten imágenes de oración en idioma ruso y ucraniano.
Me alegro que los soldados tanto de un lado como del otro sientan que Dios es nuestra esperanza y que Dios a través de la intercesión de María nos regalará la paz, cuando se la pidamos a ÉL.

Quiero felicitar a todos los aquí presentes que han venido a esta Jornada de Oración en Düsseldorf.
Si en el cosmos hubiera un artefacto sobre algún satélite que pudiera medir la belleza y la fuerza de la oración, entonces pienso que nosotros podríamos ver a Mitsubishi Halle, el lugar de vuestras oraciones, se vería como una estrella brillante cuya luz no solo brillaría sobre Düsseldorf y Alemania, no sólo sobre Europa y el globo terrestre, sino sobre todo el cosmos que está herido como consecuencia de nuestros pecados. El poder de sus oraciones sana y fortifica nuestros corazones aquí en Ucraina oriental dando nuevas esperanzas a soldados de ambos frentes que rezan la oración de la Señora de todos los Pueblos.

Que la Santísima Trinidad os bendiga a través del corazón y las manos de nuestra Madre y Reina, la más pura, santa y bendita Virgen María.

Vuestro hermano y humilde venerador de la Señora de todos los Pueblos,

Obispo Jan Sobilo

 
 
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