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EL CONCILIO VATICANO SEGUNDO Y LA ORACIÓN
DE LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS

El 11 de febrero de 1951, en el mismo mensaje en que la Señora revela su oración, Ida ve al Papa en el Vaticano con la tiara en su cabeza, una mano cogiendo un cetro y la otra con dos dedos levantados en señal de bendición. Alrededor de él hay muchos cardenales reunidos, así como obispos de todas las naciones usando mitras blancas. Ida no sabe que está teniendo una visión profética del Concilio Vaticano Segundo. El Santo Padre tiene un libro grande y grueso delante de él, y ella escucha:
“Ya han habido cambios y otros están en preparación. Sin embargo, quiero traer el mensaje del Hijo. La doctrina es buena; no obstante, las leyes pueden y deben ser modificadas. Quiero decirte esto precisamente hoy, porque el mundo se encuentra en una gran revolución. Nadie sabe en qué dirección hay que ir. Por eso, el Hijo quiere que yo dé este mensaje”. 

En este momento la visión del Concilio es interrumpida, y la vidente es guiada ante la cruz para compartir un sufrimiento doloroso. “Y ahora me encuentro de repente delante de una gran cruz. La miro y siento dolores espantosos. Me dan calambres de los pies a la cabeza... Es como si se me desgarrara la cabeza y siento una sensación de fiebre... Ya no puedo soportarlo más y le pido a la Señora si todo eso podría pasar. Mientras estoy todavía con la Señora de pie ante la Cruz, Ella dice:
‘Repite después de mí... Reza ante la cruz:


SEÑOR JESUCRISTO,
HIJO DEL PADRE,
MANDA AHORA TU ESPÍRITU
SOBRE LA TIERRA.
HAZ QUE EL ESPÍRITU SANTO
HABITE EN EL CORAZÓN DE TODOS LOS PUEBLOS,
PARA QUE SEAN PRESERVADOS
DE LA CORRUPCIÓN, DE LAS CALAMIDADES
Y DE LA GUERRA.
QUE LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS,
QUE UN DÍA ERA MARÍA,
SEA NUESTRA ABOGADA.
AMÉN.


Ahora Ida ve escrita en letras grandes la palabra ‘AMOR’, y con palabras de ánimo María se refiere a los débiles y pequeños de este mundo: “Si perseveran en el amor recíproco, ni siquiera los grandes tendrán mayores posibilidades... La lucha ya no es de razas o pueblos, la lucha ahora es de espíritus. Entiéndelo bien”. “Entonces la Señora junta las manos”, e Ida vuelve a ver al Santo Padre con los Cardenales y Obispos.
“Luego la Señora dice, como si se dirigiera al Papa: ‘Tú puedes salvar el mundo. Ya lo he dicho otras veces: Esta es la oportunidad para Roma. Aprovecha este momento. Ninguna Iglesia en el mundo es estable como la tuya’ ” (11 de febrero de 1951).


Mutter Ida und das KonzilEn ese entonces, nadie en el mundo y posiblemente menos la vidente, podía imaginar que esta impresionante escena correspondía al Concilio Vaticano Segundo. Ida misma describe lo que ocurrió más de diez años después:

“En los mensajes dice: Veo el Vaticano y entro con la Señora en la basílica de San Pedro. Caminamos por el pasillo del medio y nos detenemos más o menos en medio de la Basílica. A ambos lados veo gradas, bancos que suben de forma escalonada. En esos bancos veo sentados cardenales y obispos con mitras blancas . La Señora dice: ‘¡Fíjate bien!’, como diciendo, Mira atentamente lo que te estoy enseñando... ‘Mira bien, esos son los Obispos de todos los países’.

Por supuesto, tenía que haber sido así, porque había muchos Obispos sentados allí. También vi al Papa sentado allí, con una tiara en su cabeza. Supe que era una tiara, pero la Señora ya me la había mostrado en mensajes anteriores. Él tenía un cetro en una mano y dos dedos levantados en otra. El Papa estaba sentado al final de la nave, donde la Señora y yo estábamos paradas. Unos cuantos sacerdotes estaban de pie junto a él. Los Obispos y Cardenales, sin embargo, estaban sentados a los costados. Incluso vi a unos clérigos sentados en el piso frente a las bancas. Luego vi que el Papa tenía un libro grande y grueso delante de él. Por supuesto, no sabía qué clase de libro era.
Mucho después vi toda esta escena en televisión. Me pareció fascinante. Llamé a los demás emocionada: ‘Allí tienen la escena que había visto. ¡Así que esto era lo que significaba!’. Qué lástima que no la describí en los mensajes. Pero en ese entonces se la conté inmediatamente al Padre Frehe y a mis hermanas y hermano. Y todos ellos saben que la vi de esa manera”.


 
 
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