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De: Fundación Señora de todos los Pueblos,
Los mensajes de la Señora de todos los Pueblos, Amsterdam, 2006



Mensaje N. 21 - 14 de febrero de 1950

Los jóvenes

Veo a la Señora de pie. Ella me dice:
“Hija mía, vengo aquí para decirte qué clase de mensaje traigo. Hay que trabajar mucho y fuertemente”.
Entonces la Señora hace un gesto con las manos, como si hiciera señas a varias personas, y veo muchos jóvenes; chicos y chicas. Desaparece esa imagen y ahora veo como si la Señora les hiciera señas a los jóvenes para que vengan a ponerse de pie ante Ella y dice:
“Todavía no veo los ejércitos de chicos y chicas. ¿Por qué no se les forma y siempre son olvidados?”.
Es como si Ella mirara a su alrededor para ver dónde se meten. Entonces dice:
“Por eso vengo aquí a llamar la atención sobre esto. Eso vale también para Alemania”.

La simple Cruz

Entonces la Señora continúa:
“En el mundo hay una gran inclinación hacia el bien. Precisamente por eso es que el otro espíritu también trabaja. Ese espíritu ejerce una influencia sobre el mundo para corromperlo. Los hombres de por sí no son malos, sino débiles”.
Luego la Señora tiene de nuevo una cruz en la mano. Es como si Ella la pusiera sobre una especie de elevación y dice:
“¿Ves esa Cruz? A ella habrá que hacer que vuelva la humanidad. Les pido con insistencia que en el mundo moderno, con toda su técnica, no se olviden de esa simple Cruz”.

Trabajar con medios modernos

Después veo al Papa ante mí y a su alrededor todo el Vaticano. Es como si en un instante la Señora se encontrara por encima de todo eso. Luego veo caer gotas sobre el Vaticano; esas gotas vienen de la Señora. Ella advierte:
“Esta Iglesia todavía tiene la oportunidad, pero no quiero decir más. He hablado del mundo moderno. ¿Por qué Roma no busca medios más modernos y trabaja con un espíritu más moderno? Que recurran a esos medios para vencer a ese espíritu del mundo. Los otros se ocupan del cuerpo. La Iglesia tiene que ocuparse del espíritu. Ahora tienen una gran oportunidad, porque la humanidad está buscando. La cuestión ya no es contra las naciones, sino contra el espíritu”.

Estados Unidos y Rusia. Japón. Indonesia

Entonces continúa la Señora:
“Vendrá una gran lucha: América y Rusia; se está acercando”.
Siento un dolor tremendo en las manos. La Señora dice:
“El Japón se convertirá”.
No sé qué significa esto.
Después siento venir sobre la Indonesia un dolor espantoso; la Señora hace que yo lo sienta en mi mano.

Aún hay una oportunidad

Entonces dice la Señora:
“Si Roma quiere trabajar mejor, de todas partes vendrá un mayor entusiasmo”.
Y entonces veo el Vaticano. La Señora está otra vez como por encima de él y hace un gesto con las manos, como si Ella colocara diferentes iglesias alrededor del Vaticano. Entonces la Señora dice tal como si estuviera en discurso:
“Aún hay una oportunidad. Este Papa tiene que darse cuenta del gran trabajo que tiene que realizar en este tiempo”.

Alemania

Luego me muestra Alemania y dice:
“Pidan, pues, que el Papa dé instrucciones, ya que Alemania tiene tanta necesidad del buen Espíritu. Ellas pueden traerle ese Espíritu”.
Veo un Arzobispo en Alemania, un hombre fuerte.
“Él librará una batalla”,
oigo que dice la Señora. Luego traza con dos dedos, el índice y el mayor separados, una línea en zigzag a través de Alemania y dice:
“Hay que trabajar con la juventud alemana; han sido encargados de eso. No se los digo en vano”.
Y la Señora se va.


Mensaje N. 22 - 27 de mayo de 1950

Trabajar en lo espiritual

Veo a la Señora de pie. Mirándose las manos, me dice:
“Hija, aún veo manos vacías. Te pido que transmitas que mi plan es, precisamente en ese núcleo de personas, formar un grupo que quiera el bien y haga el bien. Escucha. Dedican mucho tiempo a lo material; pues que también le dediquen tiempo a lo espiritual. Es tan urgente. ¡Cómo quisiera yo que ese grupo lo comprendiera! Te repito: los católicos tienen que trabajar en serio. Un gran peligro es inminente. Italia sufrirá una especie de lucha interna”.
La Señora me muestra ahora la basílica de San Pedro y dice:
“Así están trabajando también en otras direcciones para formar algo grande”.

Alemania

“En Alemania hay que trabajar duro. Afortunadamente, alguno que otro ha empezado ya a trabajar más y mejor entre los creyentes. Sobre todo Alemania tiene que vigilar mucho. Allí se juega un papel falso”.

Los jóvenes

Ahora veo un gran grupo de jóvenes, en pie, alrededor de la Señora. Ella los mira y los señala, y dice:
“Hija, que empiecen...”
–y de nuevo indica el grupo a su alrededor–
“a dar a los jóvenes la correcta formación espiritual. Es difícil y fatigoso, aún para quienes se sienten llamados a esto. Sin embargo, no puedo insistir lo suficiente. Urge empezar a hacerlo”.

El primer y más importante mandamiento

Ahora la Señora traza con la mano una especie de arco y dice:
“Esto es para más tarde”.
No sé lo que esto significa. Entonces dice la Señora:
“Vas a ver que sólo después de muchas miserias y calamidades la Cruz será plantada de nuevo. Que cada uno haga lo suyo; lo que pueda. Y sobre todo insisto de nuevo en el primer y más importante mandamiento: el Amor, la Caridad”.
Y de repente la Señora desaparece.


Mensaje N. 23 - 15 de agosto de 1950
La Asunción de María

El oriente

Veo ante mí una figura oriental, con un vestido largo y un paño sobre la cabeza. Éste se inclina tres veces con los brazos cruzados y con las palmas hacia abajo. Luego, separa los brazos y hace el mismo movimiento pero con las palmas hacia arriba. Entonces veo que hay muchos símbolos extraños: arquitos, rayitas, puntos, una letra parecida a nuestra J, y después diversos signos sueltos unos de otros. Me parece que es un tipo de idioma. Después veo una muralla; esa muralla va ondeando de arriba a abajo, como si bajara por una montaña. Esto me da un dolor terrible.

Formosa

De repente veo una bestia delante de mí, una bestia simbólica que no conocemos. Después veo cangrejos y estrellas de mar grandes. Ahora veo una isla extendida; se me dice que es Formosa. Hay una isla más pequeña poco más abajo. Entonces tengo que correrme un poco desde la izquierda y hacer sobre la isla un gesto hacia abajo. Y oigo decir:
“América (EE.UU.), ten cuidado aquí también”.
Siento que sobre esa isla ha de venir algo.

Lucha cristiano-política

Entonces tengo que juntar las manos y miro hacia arriba, a la izquierda. Veo a la Señora y le oigo decir:
“Este es el tiempo de la lucha cristiano-política. Esto ya lo he dicho repetidas veces. Grandes acontecimientos ahora se van a agudizar. El caos, del que hablé, está ocurriendo ya. Han dimitido los gobiernos, han llegado las calamidades y vendrán muchas más. Atención, hija, ahora empieza la lucha. Te muestro estos cuatro dedos y trazo un círculo alrededor. Reinará un rey, por poco tiempo, pero con fuerza. Tú no lo verás en tu pequeño círculo”.

Un espíritu nuevo

Entonces dice la Señora:
“Mira”.
Mientras yo estoy junto a Ella, veo que de repente aparecen unas bestias y se paran frente a Ella.
“Mira”,
dice la Señora otra vez, y ahora veo a su izquierda un lobo o perro con una antorcha en la boca; a su lado llega una leona y a la derecha de ésta, un águila grande.
“Mira”,
dice la Señora otra vez. Ahora señala hacia arriba y veo una paloma blanca. La Señora dice:
“Éste es un espíritu nuevo que vendrá”.
Entonces veo que de la paloma brotan rayos hacia abajo: dos rayos al centro, dos a la derecha y dos a la izquierda. La Señora dice:
“El significado lo entenderás más tarde”.
Luego veo a la Señora otra vez con esas bestias y la paloma, alrededor de esto aparecen muchas estrellas.

Este y Oeste

A continuación, es como si la Señora bajara un peldaño y dice:
“Ven”.
Ahora es como si llegáramos a una explanada. Nos detenemos en el centro de ésta. Entonces dice la Señora:
“¿Ves esto?”.
La Señora señala del Este al Oeste. Después abre los brazos del todo y es como si Ella pusiera dos murallas en la explanada; una frente a la otra. Ella prolonga bastante esos muros. De pronto, la Señora está como por encima de ellos y me dice:
“Eso no es nada”,
e indica el Este y el Oeste. Entonces abre las manos y cierra los puños, primero con la mano derecha y después con la mano izquierda. Luego dice:
“Escucha bien cuántas veces doy un golpe; dalo tú también”.
Cierro los puños como Ella y la Señora empieza a contar, mientras golpeamos con fuerza nuestros puños.
“Tres veces”,
dice la Señora.
“La mitad de esto es el Este”.
Entonces veo los Balcanes y Grecia rodeados con una gran cadena, y veo también Alemania Oriental. Es como si la Señora los atara con esa cadena. Veo que una parte queda libre. Al fondo veo una figura sentada con la cabeza apoyada en la mano. La voz me dice:
“Los trabajadores y filósofos de la destrucción del mundo”.

El triunfo es Nuestro

Después de esto se me presenta una escena oriental.
Subimos aquella montaña, y arriba hay otra vez una explanada. Aquí nos detenemos. La Señora señala una cosa tirada en el suelo.
“Ven”,
dice Ella, y me indica el suelo. Veo un madero pesado y tengo que empujarlo, apartándolo de mí. Entonces veo que sobre éste se coloca un travesaño; el conjunto forma ahora una cruz.
Entonces miro de nuevo a la Señora y digo: “¿Cómo tengo que llamarla a Usted?” (He tenido que preguntarle por orden de mi director espiritual). Ella sonríe y hace un gesto, como diciendo: ¿Otra vez me lo preguntan? Y me responde:
“Di nada más que ‘la Señora’”.
Entonces la Señora, señalando el madero que yo había empujado, dice:
“La cristiandad”.
Y hace un gesto con las manos y los dedos, como si todo se dispersara volando y dando vueltas. Esto representa simbólicamente a la cristiandad. La Señora dice:
“Tú dirás esto: Cristiandad, tú no conoces tu gran peligro. Hay un espíritu que quiere socavarte. Pero...”
–y la Señora hace con la mano un signo de bendición–
“el triunfo es Nuestro”.

Inglaterra

La Señora prosigue:
“Te llevo conmigo y te enseño una cosa”.
Ahora veo a Inglaterra, extendida ante mí. Parece como si la Señora pusiera un pie sobre Inglaterra. Llamando la atención con el dedo, dice:
“¿Por qué eres tan apegada a todo? ¿Es que no puedes ocuparte de las cosas comunes?”.
Entonces es como si hiciera una gran corona sobre Inglaterra y dice:
“También de allí van a querer tirarla”.
Es como si la Señora hiciera agujeros alrededor de la corona, por los que pasan unas cintas, y como si Ella atara todas esas cintas a Inglaterra. Entonces retira el pie de Inglaterra y dice:
“No, Inglaterra, ésa política tuya no es justa”.
Ahora veo de pronto al Rey de Inglaterra ante mí y es como si se diera la vuelta muy rápidamente. Después veo también a Churchill, de perfil, por encima de Inglaterra, pero sólo le veo la cabeza.
Entonces la Señora me indica alguien, y veo un obispo de pie, pero no es de nuestra Iglesia. Percibo en mi interior: Ése es el obispo de Canterbury. La Señora lo mira e indica con el dedo. A continuación veo aparecer detrás de todo eso torres de campanarios. Mientras la Señora señala eso, dice:
“Allí habrá un cambio”.
Pero me parece que eso será más tarde.
Luego veo al Papa a nuestra izquierda, con dos dedos levantados. Al otro lado, frente a él, está el obispo de Canterbury. Entonces llega otro eclesiástico, que se le pone al lado. Éste último tiene una peluca blanca con rizos rígidos, y lleva una sotana larga con alzacuello blanco. [ -nota 19]
Entonces veo que la Señora está de pie por encima de sus cabezas y dice:
“Mira”.
Desde el lado del clero inglés, la Señora pasa un dedo por la cabeza de los eclesiásticos ingleses y pone el dedo entre los dos dedos abiertos del Papa.

Corea

Desaparece esa imagen y a continuación veo escrito: “51–53”. La Señora me lo enseña y enseguida recibo algo en la mano; es como si tuviera que agarrarlo en el aire, viene de muy alto. Oigo decir a esa voz:
“Pongan atención a los meteoros”.
Entonces dice la Señora:
“Ven”.
Y proseguimos. La Señora dice:
“Esa guerra en Corea es apariencia y el principio de una gran miseria”.
Entonces veo que se hacen demarcaciones y treguas.
Después veo a alguien sentado y que apoya la cabeza en la mano; está muy concentrado. Percibo en mi interior que se trata de un dirigente ruso. Me parece que es Stalin o Lenín.
“Yo les he avisado de ese peligro”,
oigo que alguien dice junto a mí.
Entonces veo la mitad del globo de la tierra y tengo que mirarlo. Mientras que, por así decir, lo sostengo con la mano, tengo que decir: “Aquí observo con mucha atención y lo sostengo.” A continuación tengo que ir bajando por el globo en diagonal hacia la derecha, y más allá trazar una línea recta. Me siento por eso terriblemente sofocada.

Encíclicas

“Sigamos”,
dice la Señora. Ahora veo la parte superior de Italia y tengo que sujetarla. Después veo el sur de Italia, y en cierto modo sujeto el tacón de Italia con el dedo pulgar, mientras los otros cuatro dedos los pongo sobre el sur de Italia. Entonces oigo a la Señora decir:
“No, las cosas ahí no van bien para nada. ¿Dónde están las encíclicas?”.
Tengo que hacer un gesto y cruzo las manos verticalmente. Sigo viendo manos vacías. Entonces veo la basílica de San Pedro y oigo decir a la Señora:
“¿Sabes cuál es tu poder? ¿Pero conoces tu doctrina?”.
Entonces Ella escribe “Encíclicas” y dice:
“Eso está bien, así que ponlo en práctica. Que corra a derecha e izquierda, arriba y abajo. Tú sabes...”
–y Ella aprieta el puño–
“que ese poder tiene tanta fuerza”.
Después me hace ver un “1”, un “2” y un “3”. A continuación veo un libro; una mano se pone sobre el libro. La Señora dice:
“Observa tus leyes”.
Y es como si Ella sacara una cosa, y cuanto más saca, más larga y más ancha se vuelve. Mientras hace esto la Señora, dice:
“Sabe que ha llegado tu tiempo”.

Caos

Entonces me lleva a una pendiente y me dice:
“Urbi et Orbi”. [ -nota 20]
La Señora mira conmigo desde esa pendiente hacia la basílica de San Pedro y dice:
“¿Por qué tanta rigidez? Hazlo más amplio”.
Luego me lleva a un espacio y me dice:
“Ahí tiene que llegar”.
Entonces veo como una especie de angustia y oigo decir:
“De todo este caos vendrá primero una lucha y sólo después vendrá un florecimiento”.
Y ahora siento una gran melancolía y la Señora se va, diciendo:
“Vendré de nuevo con un mensaje”.


Mensaje N. 24 - 16 de noviembre de 1950 [ -nota 21]

La Señora sobre el globo de la tierra, la Señora de todos los Pueblos

Veo a la Señora de pie sobre el globo de la tierra e indicándolo me dice:
“Hija, estoy de pie sobre este globo, porque quiero ser llamada la Señora de todos los Pueblos”.
Las palabras “de todos los Pueblos” aparecen colocándose sobre su cabeza en semicírculo.

Sus pies están sobre Inglaterra y Alemania

La Señora continúa diciendo:
“Ya te he dicho: Misión en el propio país. Y ahora quiero mostrarte algo”.
Entonces la Señora indica de nuevo el globo y está de pie con los pies muy juntos sobre Alemania. Ahora la Señora hace un movimiento como poniendo un pie sobre Inglaterra y dice:
“Desde ahora he puesto un pie ahí”.
Vuelve a poner el pie sobre Alemania y junta de nuevo firmemente los pies. La Señora está otra vez con las manos abiertas y mira muy triste a Alemania. Entonces la Señora dice:
“Hija, he puesto mis pies aquí. Hay que salvar a Alemania. El Hijo te ha traído precisamente aquí [ -nota 22], para que lo comprendas mejor. He hecho sanar a muchos enfermos”.
Ella me muestra un mapa y me indica allí un lugar; veo claramente Lourdes y otros lugares más; no sé qué lugares son. La Señora dice:
“¿Comprendes ahora lo que deseo aquí? Aquí hay tantas almas enfermas; hay que salvarlas. ¿Por qué se van de aquí, de Alemania, tantos religiosos a las misiones? Que se queden aquí. Aquí hay tanto trabajo que hacer”.

Llamada a la acción en Alemania

La Señora indica algo y veo el Vaticano, mientras dice:
“Que el Papa envíe los medios y llame a los pastores, de lo contrario Alemania se perderá. Hay una enorme apostasía. La gente no quiere contribuir a la construcción de nuevos edificios e iglesias. Hay que exhortar a los eclesiásticos para eso. Es un trabajo difícil. Yo sólo advierto. Los otros se esfuerzan en arrebatarle a Roma el pueblo alemán”.
A continuación veo frente a mí una calavera en el suelo, con dos huesos cruzados. La Señora los coge y los pone a sus pies, sobre Alemania. Entonces dice:
“El Hijo quiere dar su protección especial y me ha enviado a ayudar a Alemania. Pero hay que animarles a que hagan lo que yo les digo”.

Comenzar desde la base

Entonces veo muchos niños pequeños que vienen a su alrededor y la miran extasiados. La Señora los señala y luego veo a mi izquierda a hombres y mujeres de pie, pero muy lejos de la Señora y los niños. La Señora junta las manos y dice:
“Alemania tiene que comenzar a recuperar la unidad, cada uno en su propia casa. Los hijos tienen que estar de nuevo unidos al padre y a la madre. Que se arrodillen y recen juntos el rosario”.
Luego parece como si la Señora despidiera a los niños y dice:
“Tiene que empezar desde la base y luego extenderse por todo el mundo. La caridad tendrá que ser bien practicada de nuevo. Tendrá que surgir una gran acción entre los católicos. Se podrá hacer divulgándola; predicando más sobre esto en las iglesias. Por todas partes emprender la acción”.
Y mientras parece como si la Señora empujara a la gente.
“Es muy importante que esto se haga. Hay otros que están tratando de destruir a Alemania. El pueblo está ahora dispuesto. ¡Así que dilo, dilo!”.
Entonces la Señora hace con el dedo un gesto de advertencia:
“¡Que trabajen fuertemente!”.

La gran oportunidad para Roma

Después de esto, veo otra vez al Papa delante de mí. La Señora dice:
“El Papa lo hará si se lo piden”.
Entonces la Señora extiende las manos cruzadas sobre Alemania. Luego se retira de Alemania y veo el globo de la tierra, que da una vuelta bajo sus pies. La veo de nuevo sobre el mundo y me señala Roma. Ahora advierte con el dedo y dice:
“Que el Papa continúe siempre así. Ahora es la gran oportunidad para Roma”.
Veo diversas iglesias ante mí y la Señora, con un solo movimiento de la mano, las derriba a todas. Entonces veo en el fondo la gran cúpula del Vaticano. La Señora dice:
“Ahora ha llegado la gran oportunidad, a condición de que el Papa lleve a cabo lo que se ha propuesto hacer”.
Y la Señora tiene la mano sobre el Papa, protegiéndolo.

Agitación en el mundo

Entonces Ella dice:
“Vendrá una gran agitación en el mundo. Los rusos no se van a detener así. Por eso digo: Yo soy la Señora de todos los Pueblos”.
Al decir esto recalca la palabra “todos”.


Mensaje N. 25 - 10 de diciembre de 1950

La Cruz colocada sobre el mundo

Veo venir una luz de la izquierda. Tengo que juntar las manos. Entonces veo a la Señora otra vez de pie sobre el mundo. Después parece como si la Señora me llevara con Ella, y ahora veo que me pone delante el globo terrestre, como un mapa. Ahora la Señora pone algo sobre el mapa y siento un dolor horrible en todo el cuerpo. Entonces veo que la Señora ha puesto una Cruz enorme sobre ese mapa. Al mirarla siento un dolor tremendo en las manos y en la cabeza. Es como si todos los músculos se contrajeran. La Señora dice:
“Ése es el madero que es colocado sobre el mundo”,
e indica el palo largo. Después indica el palo horizontal y por último indica de nuevo la Cruz entera y dice:
“Te hago sentir los dolores de ese madero”.
Siento ahora en la cabeza una sensación de fiebre y es como si me diera una sed enorme, tan espantosa, que casi no la puedo soportar. A continuación la Señora me dice que levante la mano derecha extendiendo el pulgar y dos dedos. Con la mano izquierda tengo que cerrar el puño. La Señora dice:
“La mano derecha es la Verdad y la otra es el puño. Ésa debes tenerla levantada para que todos la vean”.
Mientras hago esto, veo que detrás del globo con la Cruz aparece gente de todas las naciones. Entonces tengo que ponerme el puño delante de los ojos. Al hacerlo, siento un dolor tan tremendo que me retuerzo y empiezo a llorar. De nuevo es como si todos los músculos de mi cuerpo se contrajeran. Le digo a la Señora: “El puño me duele muchísimo”. Entonces los dolores empiezan a calmarse y junto de nuevo las manos.

Lucha en oriente

La Señora dice:
“Ven. Vamos a detenernos en el centro. Yo deseo poner mis pies en medio del mundo, y te lo mostraré: Ésa es América”.
Entonces señala otra parte y dice:
“Manchuria; allí ocurrirá una insurrección”.
Luego veo marchar a los chinos, y les veo superar una línea. Después tengo que mover la mano sobre Formosa y Corea. Oigo a la Señora decir:
“Hija, te lo he dicho: Esto es apariencia. Quiero decir que vendrán períodos de calma aparente, pero eso no durará mucho. Los pueblos orientales han sido despertados por una clase de gente que no cree en el Hijo”.
Proseguimos. Ahora veo la gran China en toda su extensión, y tengo que juntar los brazos de una manera peculiar. Veo un gran hombre (quiero decir, interiormente grande), sentado en un trono. La Señora dice:
“Está triste. Su imperio será dividido por un tiempo”.
Luego la Señora indica América y hace un gesto de desaprobación con el dedo, diciendo muy seria:
“No lleves tu política al extremo”.
Después Ella me hace palpar dos veces la pesada cruz que también yace sobre América.
A continuación veo Asia. Entonces veo que la Señora extiende sus brazos, como protegiendo una parte, que me parece ser Ucrania. Entonces veo arriba, a la izquierda, en Rusia, una luz deslumbrante; es como si estallara desde el suelo. Es un espectáculo horroroso.
“Y después ya no ves más nada”,
dice la Señora, y quedo cegada por esa luz. Luego veo una llanura reseca. Es una imagen desagradable, como si la muerte hubiera pasado por allí.
Después veo frente a mí gentes con velos sobre la cabeza y envueltas en mantos, que mantienen cerrados, sujetándolos con las manos cruzadas sobre el pecho. La Señora dice:
“También allí vendrá de nuevo una lucha por tierra santa y se librará una batalla por Nuestro sitio”.
Esto último la Señora lo dijo tan bajito, que no pude entender si dijo “lucha” o “dilema”.
“También el Japón tiene que tener cuidado. Te digo todo esto, ya que tú lo vivirás. Pues soy la Señora de todos los Pueblos y tú lo dirás”.

La anterior aparición de la Señora

Entonces veo a la Señora en su postura habitual, de pie ante mí y con los brazos abiertos. Yo le pregunto: “¿Me creerán?”. Pregunto esto, ya que he tenido muchas dificultades. La Señora responde:
“Sí, por eso ya había venido antes a ti cuando tu aún no comprendías. Entonces no era necesario. Era la prueba para ahora”. [ -nota 23]

Clero secular y regular

Ahora tengo que cerrar el puño de una mano y levantar los dedos de la otra. Entonces dice la Señora:
“Esas dos manos se enfrentarán. Pero después de mucha lucha y dolor, la mano con el puño caerá, porque la Verdad siempre triunfará. Pero por desgracia, habrá mucho que cambiar. Di que la Iglesia ahora va por buen camino”.
La Señora se detiene y dice:
“Los diocesanos y los religiosos”. [ -nota 24]
Parece como si Ella diera con un puño sobre la mesa. Oigo un golpe fuerte y la veo decir que no con la cabeza. Entonces dice:
“Entre los diocesanos aún hay tanta indiferencia que eliminar. En este tiempo, que piensen bien lo que están haciendo”.
Al principio no me atrevía a repetirlo, pero la Señora me miró muy enojada y tuve entonces que decirlo.

Hombres y mujeres

Después parece como si la Señora agrupara dos filas de personas. Veo hombres de pie a su derecha y mujeres a su izquierda. Indica la fila de mujeres, sintiendo mucha lástima. Mueve la cabeza llena de compasión y dice, como hablándoles a esas mujeres:
“¿Conocen todavía su tarea? Escuchen bien: Como sea la mujer, así será el hombre. Mujeres, den ustedes el ejemplo. Vuelvan a ser mujeres”.
Después mira la fila de hombres y dice:
“Para ustedes, los hombres, tengo una pregunta: ¿Dónde están los soldados de Cristo? No tengo más que decirles”.

La Paloma blanca

Entonces parece como si de esas dos filas la Señora hiciera una sola. Ella las une con un arco. Ahora veo filas interminables de hombres y mujeres, unas junto a otras. Después ese arco se vuelve una gran cúpula y por encima de la cúpula se forma una gran iglesia. En medio de la iglesia aparece la siguiente imagen: una Paloma blanca que va despidiendo rayos de luz. La Señora dice:
“Que esos rayos desciendan sobre los hombres. Les ayudaré, pero hay que trabajar enseguida y en serio”.

El Papa será asistido

Luego veo que ahí está el Papa, pero sólo el busto. Está como por encima de todo eso. Lleva una corona especial, con piedras preciosas engastadas. Mientras lo miro, oigo decir a la Señora:
“Una tiara”.
Entonces parece como si la Señora se dirigiera al Papa, diciéndole:
“Vas en buena dirección. Yo te ayudaré. Emplea aún más tus medios modernos y persevera. A Roma le ha llegado la oportunidad. ¡Aprovéchala! Tendrás que superar huracanes, pero serás asistido”.

Francia

Entonces la Señora me dice:
“Ahora continuemos. La situación de Francia es muy grave”.
Veo Francia en toda su extensión y que en medio hay una estatua de Napoleón. Y oigo:
“Francia, te has hundido militar, política y espiritualmente. ¿Dónde están tu orgullo y tu gloria?”.
Entonces veo muchas manchas rojas sobre Francia. Oigo la voz que dice:
“Y sin embargo, se necesita tan poco para hacerles volver en sí”.
Después la Señora indica diferentes países y dice:
“¿Pero por qué no se unen?”.
Entonces veo Holanda, Francia, Bélgica e Inglaterra.

La Cortina de hierro

Después la Señora indica una línea gruesa en Alemania y dice:
“Europa está dividida en dos”.
Agarro esa línea y la quito. Ahora veo una mancha muy negra, excepto en los países de la costa. A esos los veo claramente. Luego pasamos por encima de un río. La Señora dice:
“El río Oder”.
No veo correr agua, sino que es de color rojo.
“Está rojo de sangre”,
dice la Señora. Entonces veo ramas rojas que van hacia el Oeste.

Turquía

Entonces oigo decir:
“Turquía, ¿estás atenta de verdad?”.
Entonces veo los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. Entonces tengo que hacer algo curioso. Tengo que usar mis manos como garras y clavarlas sobre el mapa. Tengo que poner mis brazos como si fueran las patas de una fiera. La Señora dice:
“Tú sólo tienes que representarla. Tú eres como una fiera que está sobre Europa con las uñas afiladas, lista para saltar”.
Veo esa fiera, que quiere saltar sobre Europa. Mira a la izquierda y a la derecha, pero luego retira lentamente las patas.

El pastor y su rebaño

Entonces oigo decir aquella voz:
“Después de angustias y sufrimientos verán lo siguiente”.
Y veo ante a mí un paisaje apacible, por el que van ovejas y corderos, con un pastor en medio de ellos. La Señora dice:
“Comprende bien todo esto y transmítelo”.
Entonces la Señora desaparece de repente.



Mensaje N. 26



 
 
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