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De: Fundación Señora de todos los Pueblos,
Los mensajes de la Señora de todos los Pueblos, Amsterdam, 2006



Sexto Mensaje - 3 de enero de 1946

Lucha en Inglaterra y Europa

Oigo aquella voz decir:
“Inglaterra, ¡cuidado!”.
Entonces veo Inglaterra y en Inglaterra una iglesia grande. Percibo en mi interior: Abadía de Westminster. Luego veo un obispo; no es de nuestra Iglesia. Percibo en mi interior: Ése es un obispo de Inglaterra. Después veo otra vez ese obispo, que tiene que ver con Inglaterra. La Señora me la señala, y entonces veo sobre la cabeza de ese obispo la palabra “Lucha”. Me siento tan extraña, y es como si todo mi interior cambiara, no sé explicar cómo.
Miro de pronto hacia arriba, a mi izquierda y veo otra vez a la Señora de pie. Está toda vestida de blanco y está un poco en alto. Me señala algo. Yo miro, y veo Inglaterra otra vez ante mí. La Señora me dice:
“Habrá una lucha en toda Europa y afuera también”.
Un sentimiento pesado y paralizador y un gran cansancio espiritual se apoderan de mí.
La Señora dice:
“Es una grave lucha espiritual”.

Mira la Cruz

Entonces la Señora me dice:
“Ven”,
y señala mi mano. Es como si en ella me pusieran una cruz.
Ahora la Señora indica lo que tengo que hacer. Yo paso alrededor de la tierra con la cruz en la mano y tengo que mostrarla. Entonces la Señora me dice:
“Sí, mira esa cruz”.
Lo hago, y mientras la miro, la cruz desaparece de mi mano y cierro el puño. También esto he de mirarlo. Entonces dice la Señora:
“Ahora mira otra vez la cruz”.
Y la cruz está de nuevo en mi mano. La Señora amonesta con el dedo y dice:
“Quieren transformar esa Cruz en otras cruces”.
Ahora veo diferentes cosas dando vueltas ante mis ojos; comunismo y una especie de corriente nueva que vendrá, una combinación de símbolos nazis y de comunismo.

Lucha

La Señora dice:
“Los cristianos se cansarán de luchar”.
Ella acentúa la palabra “cansarán”, y yo siento un cansancio espiritual que se apodera de mí.
La Señora señala algo delante de mí y veo un arenal, un desierto. Allí colocan un púlpito. Luego desaparece el púlpito y vuelvo a ver rápidamente el desierto ante a mí. Oigo una voz que grita algo en un idioma extraño, antiguo. Ésta escena se repite un par de veces rápidamente ante mis ojos.
Después la Señora señala algo y veo el Vaticano. Es como si diera vueltas en medio del mundo. En el Vaticano veo el Papa con la cabeza levantada y dos dedos en alto. El Papa mira seriamente adelante y yo me doy tres golpes de pecho.

Juana de Arco

Después veo de pronto a alguien a caballo y con armadura. Cuando pregunto quién es, me responden: “Juana de Arco”.
Detrás de ella veo de repente surgir una gran catedral. Yo pregunto qué iglesia es y oigo dentro de mí: “Ésa es la Catedral de Reims”. Veo entonces venir un cortejo que va hacia la iglesia. Es un cortejo de tiempos antiguos, con alguien a caballo que lleva un escudo y una espada; a su alrededor hay muchos escuderos. Yo oigo:
“Borbón”.
Siento entonces: Eso es para más tarde.

Verdad, caridad y justicia

Después tengo que mirarme las manos y yo represento a la humanidad. “Están vacías”, le digo a la Señora. Ella mira y entonces tengo que juntarlas, levantando los ojos hacia Ella. La Señora me sonríe; es como si bajara un peldaño, y dice:
“Ven”.
Luego es como si fuera con Ella por el mundo. Después siento un enorme cansancio y le digo a la Señora: “Estoy tan cansada, tan desesperadamente cansada”. Siento el cansancio en todo el cuerpo. Pero la Señora me lleva aún más lejos.
Entonces miro hacia delante y veo ante mí con letras grandes la palabra “Verdad”. La leo en voz alta y proseguimos. La Señora menea la cabeza. Mira muy seria y triste y me dice:
“¿Ves tú la caridad?”.
Me miro de nuevo las manos y digo: “Estas manos están vacías”. La Señora me toma otra vez de la mano y seguimos adelante.
Mientras veo ante mí un enorme vacío, oigo que la Señora pregunta:
“Justicia, igualdad, ¿dónde está todo eso?”.

Jericó

Entonces veo otra vez la Cruz en el centro del mundo, y la Señora la señala. Yo tengo que llevarla, pero vuelvo la cabeza. Parece como si yo representase a la humanidad y rechazara la Cruz.
“¡No!”,
dice la Señora.
“Hay que levantarla y ponerla en el centro. Habrá una categoría de hombres que lucharán, que lucharán por ella, y yo los llevaré a ella”.
Mientras Ella dice esto, siento un horrible dolor en todo el cuerpo, hasta gemir. “Ay, cuánto duele”, le digo a la Señora.
Después oigo una voz gritar muy fuerte:
“¡Jericó!”,
y la Señora vuelve a estar en pie en su lugar, en lo alto. Ella mira hacia abajo, me mira y dice:
“Ha de ser anunciado lo que te he dicho, de lo contrario no habrá paz”.

Lucha espiritual

Veo entonces al Papa ante mí, rodeado de un grupo grande de eclesiásticos y otros señores. “Parece que están en una conferencia”, digo yo. Hablan con vehemencia, a veces parece como si estuvieran enojados. La Señora dice:
“Ésa es la lucha espiritual, que se extiende por el mundo. Es más grave que la otra y el mundo es minado”.

Ego sum

Entonces voy como por encima de la tierra y es como si excavara el suelo. Parece como si me fuera enterrando cada vez más bajo tierra y que fuera por toda clase de pasadizos. Después todo se detiene de repente y oigo de pronto:
“Aquí estoy”.
Entonces oigo una voz que dice:
“Ego sum” [ -nota 7],
y digo en voz baja: “Y el mundo es pequeño”.
Entonces la Señora dice, mientras señala con el dedo:
“Ve y difúndelo”.
Y de repente todo desaparece.


Séptimo Mensaje - 7 de febrero de 1946

Europa advertida

De repente veo a la Señora de pie. Amonesta con el dedo y dice:
“Observa Europa y advierte a los pueblos de Europa”.
La Señora mira muy seria y dice:
“Ora et labora.” [ -nota 8]
Y de nuevo amonesta con el dedo. Entonces la Señora me enseña un lobo que va y viene ante mí. Este animal desaparece de pronto. Entonces Ella me muestra una cabeza de oveja y alrededor de ella unos cuernos entrelazados entre sí. Entonces dice la Señora otra vez:
“Europa tiene que tener cuidado; advierte a los pueblos de Europa”.

Lucha y calamidades

Después Ella me muestra Roma. Veo muy claro el Vaticano, que da vueltas. Es como si la Señora me hiciera una señal con el dedo y dice:
“Ven, obsérvalo bien”.
Entonces alza tres dedos y a continuación toda la mano, los cinco dedos. Eso lo repite un par de veces delante de mí.
“Mira bien y escucha”,
dice Ella.
“Oriente contra occidente”.
Entonces oigo decir a la Señora otra vez:
“¡Cuidado, Europa!”.
Ahora veo de pronto a Inglaterra delante de mí. La Señora da como un paso hacia abajo, como si pusiera el pie sobre Inglaterra. Miro bien, y veo que la Señora cruza los brazos y advierte de nuevo. Le oigo decir:
“Ay de ti, Inglaterra”.
La Señora me hace una seña otra vez para que mire bien. Enseguida veo Roma otra vez ante mí y veo al Papa sentado. El Papa tiene en la mano un libro abierto, que me muestra. No logro ver qué libro es. Entonces el Papa lo hojea por todas partes. Oigo decir a la Señora:
“Pero ahí hay mucho que cambiar”,
e indica donde se encuentra el Papa. Mira muy seria y sacude la cabeza. Otra vez la Señora levanta tres dedos y luego cinco.
De pronto me siento confusa y oigo que la Señora dice:
“Otra vez vendrán nuevas calamidades sobre el mundo”.

Dejen que los pequeños vengan a Mí

Veo una planicie frente a mí; allí es depositado un enorme huevo. Y mientras yo miro, veo un avestruz que huye velozmente.
Después veo muchos niños negros delante de mí. Entonces veo de nuevo una advertencia y veo niños blancos. Se me muestra una representación en que Nuestro Señor está con los niños a su alrededor. Es una Figura luminosa la que veo. Oigo:
“Dejen que los pequeños vengan a Mí”.
Y veo que está escrito: “A los niños hay que educarlos en la doctrina cristiana”.

La llegada a la luna

Luego veo delante de mí un fragmento de un mapa. Oigo:
“Judá”
y veo escrito: “Jerusalén”. Entonces veo de repente dos líneas con una flecha en los extremos. En un extremo está escrito: “Rusia” y en el otro: “América”.
Entonces es como si yo con la Señora estuviéramos sobre el globo de la tierra. La Señora me señala algo y veo claramente la luna frente a mí. Algo llega allá volando; lo veo llegar a la luna [ -nota 9]. Yo digo: “Ahí llega algo a la luna”. Es como si yo flotara en el espacio. Todo es extraño a mi alrededor y digo: “Una especie de fenómeno natural”.

Unidad en Europa. Inglaterra

Entonces oigo decir a la Señora:
“Pueblos de Europa, reúnanse. Esto aquí no anda bien”.
En medio de Europa veo Alemania y es como si ese país quisiera salir de ahí.
Entonces veo otra vez Inglaterra y ahora tengo que sostener con las dos manos fuertemente la corona. Es como si la corona oscilara y yo tuviera que tenerla firme sobre Inglaterra. Oigo:
“Inglaterra, sé consciente de tu misión. Inglaterra, tendrás que regresar al Altísimo, The Highest”.
Y ahora la Señora se va de repente.


Octavo Mensaje - 25 de febrero de 1946

La Verdad ha desaparecido

Veo una luz brillante y en lo alto veo a la Señora. Ella indica hacia abajo y veo Europa ante mí. La Señora mueve la cabeza. A sus pies veo pequeños angelitos que se cubren la cara con las alas. Hay una gran luz que rodea a la Señora. Cuanto más miro la tierra, más oscura se pone; la Señora me la indica.
De nuevo levanto los ojos hacia Ella. Me indica la tierra con rostro severo y ahí, en la oscuridad, veo escrito: “Verdad”. Veo otra vez los angelitos a los pies de la Señora, que de nuevo se cubren el rostro con las alas. La Señora me dice:
“Tienes que advertirles. La verdad se ha perdido”.
Me pregunto: ¿Cómo puedo yo hacerlo? La Señora señala hacia abajo y dice:
“Ve y difúndelo”,
y con el dedo indica el mundo. Allí veo muchos eclesiásticos y muchas iglesias, pero no claramente.

La Cruz en medio del mundo

Otra vez la Señora señala el mundo y dice:
“Busca a ver si puedes encontrarlo a Él”.
Yo busco y busco, y le digo a Ella: “Me canso y siento un grande dolor”. De repente veo salir de Ella una Cruz grande y larga. Es como si alguien la arrastrara, pero no logro ver Quién es la Persona, sólo la Cruz. La Cruz va bajando por un largo camino a la tierra y de pronto la veo levantada en el centro del mundo.
Miro otra vez a la Señora y veo una larga fila de personas que caminan; parecen peregrinos.

Verdad, Fe y Amor

La Señora me dice:
“¡Mira!”,
y traza sobre el mundo un semicírculo, un arco. Parece que Ella escribe algo ahí, y leo en voz alta la palabra “Verdad”, puesta en el centro. Luego escribe una palabra a la izquierda, y leo “Fe”; después a la derecha y leo “Amor”. La Señora señala esto y dice:
“Ve y difúndelo”.
Entonces señala de nuevo el arco y dice:
“Eso tiene que volver. Aparentemente hay, pero en realidad no lo hay”.
Y mira muy afligida.

Calamidad tras calamidad

Después tengo que decir: “Calamidad tras calamidad, calamidades naturales”. Entonces veo escrita las palabras “Hambre” y “Caos Político”. La Señora dice:
“Esto no es sólo para tu país, sino para todo el mundo”.
Me da entonces un dolor tremendo y digo: “Ése es otro período de opresión y de dolor que vendrá sobre el mundo”. Entonces veo la palabra “Desesperado”.
Después vuelve la luz a mi alrededor y veo a la Señora que baja y me indica las tres palabras: “Verdad”, “Fe” y “Amor”. Le Señora sonríe y me dice:
“Pero habrá que aprender muchísimo”.

Ecce Homo

Ella me indica de pronto a la derecha, y veo sentado alguien, con una larga barba blanca. Lleva un vestido largo y tiene dos dedos juntos levantados. Tiene un libro voluminoso bajo el codo y delante de él hay una llave grande. Desaparece esa imagen y la Señora dice otra vez:
“Mira”,
y me muestra ahora otra cosa. Es una piedra grande, sobre la cual yace un cordero. Oigo decir:
“Ecce Homo”. [ -nota 10]
De repente la Señora se va y también la luz.


Noveno Mensaje - 29 de marzo de 1946

El Niño Divino

Veo a la Señora otra vez de pie. Tiene un Niño en brazos. El Niño tiene una aureola en torno a su cabeza y brilla por todas partes. Es como si la Señora bajara y ahora la veo de pie sobre el globo de la tierra. La esfera terrestre gira debajo de Ella. La Señora me mira y dice:
“Ven, sígueme”.
Voy tras Ella y pareciera que camináramos sobre el globo. La Señora se vuelve hacia mí y me dice:
“A Él... ”
–indicando al Niño–
“... quiero traerlo de nuevo al mundo”.
Pero mientras dice eso, la Señora mueve la cabeza como diciendo que no. Yo miro al Niño y, mientras lo miro, el Niño se convierte en una Cruz. De repente, la Cruz cae delante de mí y se rompe en pedazos. Miro el mundo y veo que está en tinieblas. Entonces oigo exclamar a la Señora:
“¡Tráelo de nuevo al mundo!”,
indicando la Cruz rota.

Volver a Él

Ahora veo de repente la Cruz, otra vez entera, plantada en el centro del mundo. A su alrededor hay toda clase de personas, que sin embargo vuelven la cabeza. Yo me siento muy cansada y se lo digo a la Señora, pero Ella me sonríe.
Después la veo sentada en una especie de trono; tiene otra vez al Niño en su regazo. El Niño resplandece por todas partes. La Señora dice:
“Primero hay que volver a Él; sólo entonces habrá verdadera paz”.
Ella acentúa la palabra “verdadera”. Entonces aparecen unas palabras, formando un arco, alrededor de la Señora. Tengo que leer en voz alta: “Verdad”. “¿Otra vez?”, digo, y miro a la Señora. Ella asiente con la cabeza, como diciendo que sí. Ésa está en el centro. Entonces leo a la izquierda: “Justicia” y a la derecha: “Caridad”.

Christi Regnum

Después de leer esto, veo a sus pies un león de piedra con una aureola de luz en torno a la cabeza. Detrás del trono, veo aparecer torres e iglesias y veo también obispos. “No son de nuestra Iglesia”, digo yo. Percibo en mi interior: Ésa es la Iglesia de Inglaterra. Mientras miro, se atraviesa una cruz en forma de X. Y veo que la Señora sonríe.
El Niño sobre su regazo ya ha crecido; está ahora de pie y tiene un cáliz en la mano. Entonces veo una escalera al lado, y es como si yo subiera por ella. Llego arriba de la escalera y veo el siguiente símbolo: una X con una P encima [ -nota 11]. La Señora dice:
“La religión va a sostener una dura batalla y querrán pisotearla. Eso será de una manera tan refinada, que casi nadie se dará cuenta. Pero yo advierto”.
Ella mira muy seria e indica el cáliz. Le oigo decir:
“Christi Regnum”, [ -nota 12]
y después veo Jerusalén delante de mí; eso se me dice. Allí hay una lucha y veo unos sacerdotes armenios frente a mí. Después levanto dos dedos. Veo de nuevo a la Señora en su trono con todo alrededor, y veo ahora la iglesia inglesa, una iglesia rusa, una iglesia armenia y muchas otras más. Éstas dan vueltas y vueltas entre sí. La Señora mira preocupada y le oigo decir:
“¡Roma, ten cuidado!”.
Ella dice estas palabras con fuerza y cierra el puño.
Entonces la Señora desaparece de repente.


Décimo Mensaje - 9 de junio de 1946
Pentecostés

Urbi et Orbi

Veo a la Señora de pie. Amonesta con el dedo, como si se dirigiera al mundo:
“Urbi et Orbi [ -nota 13]. En éste momento Esto es lo más importante”.

Trabajar y velar

La Señora baja y tiene en brazos un Niñito, un Niño glorioso, envuelto en pañales. Me hace un gesto de seguirla y yo voy tras Ella. La Señora pone el Niño en medio del mundo. El Niño se pone a llorar muy fuerte. La Señora indica al Niño y dice:
“¡Hombres que están a su favor, cuidado! No puedo advertirlos lo suficiente”.
Después miro de nuevo ese lugar, pero el Niño ha desaparecido. La Señora mira el mundo muy preocupada y dice:
“Entre los hombres ya no hay Justicia, Verdad y Caridad”.
Después, es como si la Señora mirara fijamente hacia adelante y en lo profundo y dice:
“Calamidad tras calamidad. Por segunda vez les digo: Mientras no haya eso, no habrá verdadera paz. Rezando y sobre todo trabajando por el bien; no sólo rezando. Trabajando y velando”.

Una nueva calamidad

Entonces veo de pronto que la Señora se pone a un lado. Se me muestra ahora una visión espantosa. Del otro lado vienen hacia mí demonios, como figuras que revolotean entre sí, con cuernos en la cabeza, patas raras y caras horrorosas. Entonces oigo decir a la Señora:
“Les anuncio una nueva y gran calamidad sobre el mundo”.
La Señora dice esto con mucha tristeza, siguiendo sus avisos. Entonces dice:
“Si la gente quisiera tan sólo escuchar”.
Y otra vez mueve la cabeza, como diciendo que no.
Entonces veo un período corto y oigo:
“Aparentemente todo va bien durante un breve período”.
Después veo el globo de la tierra y la Señora lo señala. Veo luces brillantes y es como si el globo saltara en pedazos por todas partes. Entonces, la Señora indica el cielo. Ella está a mi derecha, o sea, a occidente y Ella señala a oriente. Veo muchas estrellas en el cielo y la Señora dice:
“Viene de allá”.

Lucha contra el Papa

Veo de pronto un capelo cardenalicio frente a mí; alrededor cuelgan unas cintas. Sobre él cae una X, como si ese capelo fuese tachado. Oigo a la Señora decir:
“En Roma vendrá una lucha contra el Papa”.
Veo en torno al Papa muchos obispos sentados y después oigo:
“Catastrófico”.
Entonces la Señora se va.



 Mensaje N. 11


 
 
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