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EL DOgMA DE LA MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS

A propósito de la imagen, que describe de tres maneras la maternidad universal de María respecto a todos los hombres de todos los tiempos, la Señora de todos los Pueblos afirma algo sorprendente: “Esta imagen debe preceder. Esta imagen tiene que ser difundida en todo el mundo. Contiene en sí el significado y la representación del nuevo dogma. Por eso, yo misma he dado esta imagen a los pueblos” (08.12.1952).

¿Esta imagen es la explicación y la figura que representa un nuevo dogma? ¿De qué nuevo dogma habla la Señora? En la historia de las apariciones marianas es realmente un hecho singular que la Stma. Virgen pida en sus mensajes la proclamación de un dogma: Según sus palabras será “el último y más grande” (15.08.1951) dogma mariano. Dirigiéndose al Papa, dice: “Ocúpate del último dogma, la coronación de la Madre del Señor Jesucristo, la Corredentora, Medianera y Abogada” (11.10.1953).

Muchas veces la Virgen se dirige en sus mensajes directamente a los teólogos y les explica el contenido de fe y la gran importancia del dogma: “Di a sus teólogos que pueden encontrar todo en los libros… No traigo una nueva doctrina” (04.04.1954). “La Iglesia encontrará mucha oposición respecto al nuevo dogma” (15.08.1951).


Hoy, después de más de cincuenta años, la Iglesia Católica se halla realmente en esta situación difícil y dolorosa: Por un lado cardenales y cientos de obispos quisieran ver glorificada a María con el dogma de Corredentora, Medianera y Abogada. Lo mismo desean famosos teólogos, muchos sacerdotes y millones de fieles. Distintos mariólogos y santos hasta el tiempo actual han amado mucho y han empleado el título de “Corredentora”, como por ejemplo: Vicente Pallotti, Ana Catalina Emmerich, Leopoldo Mandič, Maximiliano Kolbe, Edith Stein, el Padre Pío y Madre Teresa de Calcuta.
También el Papa Juan Pablo II usó muchas veces el título de “Corredentora”. Por ejemplo en la Audiencia General del 8 de septiembre de 1982 dijo: “María, aunque concebida y nacida sin mancha de pecado, ha compartido de manera admirable los sufrimientos de su Divino Hijo para ser Corredentora de la humanidad”.

Pero no todos piensan así y tienen sus razones comprensibles. Entre cardenales, obispos y teólogos son muchos los que consideran el concepto “Corredentora” como algo equívoco y por lo tanto fundamentalmente inadecuado para describir de un modo teológicamente correcto la posición única de María en el plan de salvación.

A propósito de este título, que el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, dijo al periodista alemán Peter Seewald, en su libro “Dios y el mundo”, que la colaboración de María en el plan de salvación “se expresa mejor mediante otros títulos, mientras que la palabra ‘Corredentora’ se aleja demasiado del lenguaje y de los escritos de los Padres de la Iglesia y por eso provoca malentendidos”.

También el cardenal Joachim Meisner comparte esta opinión al respecto. Era necesario decirlo aquí claramente, pues el Arzobispo de Colonia, siendo el mejor y más fiel amigo del Santo Padre, nunca habría dado la posibilidad de celebrar en su Diócesis una Jornada de Oración en honor de la Señora de todos los Pueblos, cuyo mensaje está relacionado directamente con el título de Corredentora, si no se dijera caramente también la actual posición de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Tal posición no significa sin embargo que eclesiásticos, teólogos y fieles no puedan usar este título de “Corredentora”. La discusión teológica, que se distingue por el máximo respeto del Magisterio auténtico, sigue abierta.
Si se explica de forma teológicamente correcta el concepto de “Corredentora”, resulta claro que María no es igual a Jesús, como si Ella fuera Dios. Por el contrario, “co-redentora” significa que María, en cuanto Inmaculada y nueva Eva, en unión perfecta con su Hijo Divino, en plena dependencia de Él y viviendo totalmente de Él, ha sufrido de un modo único por nuestra redención.


Hijo y Madre eran verdaderamente un solo corazón, un solo amor, y compartían un solo sufrimiento por un fin común:
¡la redención del mundo!

Así lo dijo la Stma. Virgena Santa Brígida de Suecia: “Adán y Eva vendieron elmundo por una manzana, mi Hijo y Yo lo hemos rescatado con un corazón”.



Un diálogo de amor

Para que un día esta verdad, si Dios quiere, pueda ser proclamada dogma, las diferentes opiniones teológicas acerca del título de “Corredentora”, antes o después tendrán que llegar a un común acuerdo mediante un estudio profundo, un diálogo fraterno y particularmente con la oración y el sacrificio.

Tenemos que decir una cosa sobre esto: Que los defensores del título de “Corredentora” deben mostrar comprensión hacia los que en su auténtico amor a María no ven conveniente este título. Algunos de ellos, como mariólogos, han escrito notables y apreciables obras sobre la Stma. Virgen. Sin embargo, preocupados de que el papel incomparable y único de Jesús como Redentor divino pueda ser disminuido o que eso comprometa el diálogo ecuménico, prefieren no usar el título de “Corredentora”.

Otro grupo de teólogos no tiene dificultad en venerar a la Stma. Virgen con el título de “Corredentora”, pero no ve alguna necesidad de que un día esta verdad sea definida como dogma. Otros en cambio están abiertos al dogma, pero en un futuro inmediato lo consideran inoportuno.

Como quiera que sean las opiniones, la discusión teológica debe proseguir sin polémicas, con amor fraterno, con recíproca estima y respeto del “sentido de fe del pueblo” (“sensus fidei”). El ejemplo más hermoso tal vez ha sido dado por Juan Pablo II y por su más estrecho colaborador, el cardenal Joseph Ratzinger. Mientras el Papa Wojtyla apreciaba y empleaba este título, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe tenía sus reservas. Pero eso no disminuía para nada su amistad, de lo más fecunda para el bien de la Iglesia.

Una cosa es segura: el dogma será en primer lugar fruto de la oración y nacerá del corazón de los que sufren. Será un dogma obtenido con oración y sufrimiento. Los más potentes intercesores son por lo tanto los enfermos y los que sufren. Entre ellos hay también quien está dispuesto a ofrecer su propia vida para este fin.

El camino de la verdadera paz

Si es teológicamente correcto llamar a la Stma. Virgen Corredentora, se ocuparán los teólogos dóciles al magisterio auténtico; el Santo Padre pedirá a todos los obispos del mundo su parecer al respecto y luego decidirá.
También si un dogma nunca será proclamado por causa de una revelación privada, es extraordinario que ya ahora, para animarnos, podamos conocer el efecto de gracias de este dogma mariano para la Iglesia y para el mundo.

La Señora de todos los Pueblos de hecho promete una nueva efusión del Espíritu Santo y por consiguiente la verdadera paz para los pueblos: “Y la Señora permaneció junto a sus apóstoles hasta que vino el Espíritu Santo. De la misma manera, la Señora puede venir donde sus apóstoles y pueblos de todo el mundo, para traerles de nuevo el Espíritu Santo… Cuando el dogma, el último dogma de la historia mariana, sea proclamado, entonces la Señora de todos los Pueblos dará la Paz, la verdadera Paz al mundo” (31.05.1954).

Este maravilloso efecto del dogma, la victoria de María sobre el mal y la consiguiente paz mundial, está expresado en la imagen de un modo impresionante: La serpiente –como ya hemos dicho– no se ve más en el globo. Pero para vencer todo el poder del demonio globalmente, María, la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, ha de ser globalmente y solemnemente reconocida y venerada en toda la plenitud de su vocación, como Corredentora, Medianera y Abogada.

Si el dogma será proclamado y cuándo, lo decidirá solamente el Santo Padre. Sin embargo, no será proclamado un nuevo dogma mariano hasta que su contenido de fe no sea comprendido por la mayor parte de los fieles, y actualmente los creyentes, en su mayor parte, ya no son marianos. Por consiguiente, no parece que el tiempo sea ya maduro.

¿Pero cómo hacer para que madure el tiempo? ¿Cómo deberían los pueblos nuevamente apreciar y aprender a amar a María como su Madre o conocerla como Corredentora? ¿Qué podemos hacer nosotros, los creyentes, en la vida de cada día, para que un día la Madre sea solemnemente glorificada con este último dogma mariano? Ella misma nos responde: “Éste es mi mensaje para hoy, pues el tiempo apremia. Hay que emprender una gran acción en favor del Hijo, de la Cruz y de la Abogada y Portadora de la paz y la tranquilidad, la Señora de todos los Pueblos” (01.04.1951).

Como contribución totalmente pacífica por parte de todos los hombres de buena voluntad en preparación del dogma y para la paz mundial, la Madre nos pide que difundamos su ORACIÓN y su IMAGEN. La misma Stma. Virgen ha dado un nombre a esta difusión. La llama una “gran obra mundial” (11.10.1953), o incluso una “obra de redención y de paz” (01.04.1951).


Acción mundial

De la Conferencia del P. Paul María Sigl,
Dios nos indica el camino hacia la verdadera paz por medio de María, la Madre de todos los Pueblos
Colonia, 31 de mayo de 2009

 
 
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