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De: Fundación Señora de todos los Pueblos, Los mensajes de la Señora de todos los Pueblos, Amsterdam, 2006
Mensaje N. 26 - 25 de enero de 1951
Un sueño
En realidad, se me dio este mensaje en un sueño [ -nota 25]. Me había quedado profundamente dormida y soñaba. Pero, sea como sea, estaba semiconsciente en el momento en que se me dio el mensaje. Cuando el sueño hubo terminado, me desperté del todo. Luego me levanté y yo misma escribí el mensaje. En la noche del 24 al 25 de enero de 1951 soñé que me encontraba en algún lugar remoto, en una especie de sala pequeña o habitación. Allí llegó de pronto la Señora y se me puso delante. Iba vestida con un amplio manto doblado; el velo que Ella llevaba normalmente sobre la cabeza, ahora lo llevaba puesto alrededor del cuello, se le veían los pies y llevaba sandalias. Ella me dijo: “Fíjate bien y escucha”.
La última Cena
Entonces vi enfrente de mí una mesa larga y detrás una especie de sofá, en el que vinieron a sentarse algunos hombres; se sentaban medio recostados. En el centro vi una Figura luminosa y delante de Él había pan y un cáliz con vino. La Señora se encontraba al fondo de esa escena y me dijo de nuevo: “Fíjate bien y escucha”.
Sentarse a la Mesa en ayunas
De repente la sala se convirtió en una iglesia grande y llena de gente, en medio a la cual estaba la Señora y yo, mirando. Entonces escuché la voz de la Señora, que decía: “Se tendrá que promulgar un decreto, y así se hará, estableciendo que ya no sea necesario estar en ayunas para poder comulgar. Hay tantas personas que, precisamente cuando están en la iglesia, podrían sentir una gran necesidad de recibir la Comunión y sin embargo se ven impedidas por no estar en ayunas”. Entonces la Señora indicó esos hombres y dijo: “Esos hombres también fueron de la calle a la Mesa”. Y enseguida vi por un instante aquella sala. Un nuevo decreto “Mira”, –dijo la Señora– “primero se acercan pocas personas a recibir la Comunión”. Entonces oí de pronto una voz, como si viniera de afuera y que promulgaba el decreto [ -nota 26]. Y entonces vi como las personas acudían en gran número a la sagrada Misa. “Así tiene que ser y así será”, dijo la Señora. “¿Ves ahora la diferencia?”. Y de repente todo desapareció y me desperté.
Mensaje N. 27 - Domingo 11 de febrero de 1951 Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes [ -nota 27]
La Señora, María, Madre de todos los Pueblos
Veo una luz brillante y entonces veo a la Señora de pie. Ella dice: “Yo soy la Señora, María, Madre de todos los Pueblos. Pueden decir: ‘la Señora de todos los Pueblos’, o bien, ‘Madre de todos los Pueblos’, que un día era María. Vengo precisamente hoy, para decirte que deseo ser eso. Los hijos de todas las naciones serán uno sólo”. Entonces la Señora se queda un momento sin decir nada, en la postura que ya me es familiar. Entonces dice: “El mundo entero está revolucionado. Pero lo peor de todo es que los hombres de este mundo son llevados a la revolución”. Y entonces parece como si la Señora caminara por todo el globo, y veo que todo el mundo se revuelve y entra en una revolución.
El Concilio Vaticano Segundo
“Yo te llevo conmigo”, dice ahora la Señora; y de repente estoy con Ella sobre Italia. Veo el Vaticano y entro con la Señora en la basílica de San Pedro. Caminamos por el pasillo del medio y nos detenemos más o menos en medio de la Basílica. A ambos lados veo gradas, bancos que suben de forma escalonada. En esos bancos veo sentados cardenales y obispos con mitras blancas [ -nota 28]. La Señora dice: “Fíjate bien, esos son los obispos de todos los países”. Entonces veo al Papa sentado, con una tiara. Está sentado al final del pasillo del centro. En torno a él, veo un par de eclesiásticos de pie. En una mano tiene un cetro y la otra mano la tiene con dos dedos levantados, en la posición acostumbrada. El Papa tiene un libro grande y grueso delante de él. La Señora dice: “Escucha bien, hija. Ya han habido cambios y otros están en preparación. Sin embargo, quiero traer el mensaje del Hijo. La doctrina es buena; no obstante, las leyes pueden y deben ser modificadas. Quiero decirte esto precisamente hoy, porque el mundo se encuentra en una gran revolución. Nadie sabe en qué dirección hay que ir. Por eso, el Hijo quiere que yo dé este mensaje”.
Los dolores de la Cruz
Y ahora me encuentro de repente delante de una gran Cruz. La miro y siento dolores espantosos. Me dan calambres de los pies a la cabeza. Es como si todos los músculos de los brazos se contrajeran, obligándome a cerrar los puños. Siento como si se me desgarrara la cabeza y como una sensación de fiebre y que la cabeza se fuera a reventar. Por eso me pongo a llorar. Ya no puedo soportarlo más y le pido a la Señora si todo eso podría pasar. Entonces Ella sonríe. El dolor dura un poco más y luego todo se acaba. Entonces la Señora me dice: “Que todos vuelvan a la Cruz; sólo entonces habrá paz y tranquilidad”.
La Señora dicta la oración
Mientras estoy todavía con la Señora de pie ante la Cruz, Ella dice: “Repite lo que digo”. Eso me pareció extraño; pensé: ¡Pero si ya repito todo lo Ella dice! Y de repente veo que la Señora se vuelve aún más hermosa de lo que ya era. La luz que siempre la rodeaba se vuelve más clara y brillante, tanto que ya casi no puedo mirarla. Las manos, que tenía siempre hacia abajo, ahora las levanta, juntándolas. Su rostro se vuelve tan celestial, tan sublime, que no hay palabras para describirlo. Su figura se vuelve aún más traslúcida y tan bella, que me quedo embelesada contemplándola. Entonces dice la Señora: “Reza pues ante la Cruz:
Señor Jesucristo, Hijo del Padre, manda ahora tu Espíritu sobre la tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la Señora de todos los Pueblos, que un día era María, sea nuestra Abogada. Amén”.
La Señora dice esta oración de una manera tan hermosa e impresionante, que nadie en el mundo la podría decir como Ella. Ella recalca la palabra “ahora”, al decir “manda ahora tu Espíritu”, y la palabra “todos”, cuando dice “haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos”. También la palabra “Amén” la pronuncia de manera hermosa y solemne. Estoy todavía ante la Cruz y he rezado y repetido la oración, esas palabras que la Señora dijo. Es como si se hubieran quedado grabadas en mi mente. Ahora las veo escritas con letras muy grandes.
El primer y más importante mandamiento
La Señora continúa: “Hija, esta oración es tan breve y sencilla que cada uno puede decirla en su propia lengua, ante su propia cruz. Y los que no tengan una cruz, pueden rezarla a solas. Éste es el mensaje que hoy precisamente quiero dar, porque ahora vengo a decir que quiero salvar las almas. Que todos colaboren en esta gran obra para el mundo. Que cada hombre se decida personalmente a colaborar”. Entonces la Señora levanta un dedo y dice: “Sobre todo en lo que respecta al primer y más importante mandamiento: el Amor”. Ahora veo esta palabra escrita con letras grandes. “Haz que empiecen por esto”, dice la Señora. A continuación veo un determinado grupo de personas; la Señora los mira con compasión y dice: “Y entonces los pequeños de este mundo dirán: ¿Qué podemos hacer nosotros? Pues los grandes son los que hacen esto”. Esto lo dice muy dulcemente, como sintiendo muchísimo afecto por esas personas que la rodean. Pero luego cambia el semblante de la Señora y dice con fuerza: “Y ahora digo a los pequeños: Si perseveran en el amor recíproco, ni siquiera los grandes tendrán mayores posibilidades. Pónganse ante su cruz y digan lo que les he dictado y el Hijo los escuchará”.
La lucha de espíritus
Entonces la Señora me dice: “Otra vez vendrá una gran calamidad natural. Los grandes de este mundo nunca estarán de acuerdo. La gente buscará acá y allá. Cuidado con los falsos profetas. Busca y pide únicamente el verdadero Espíritu Santo, porque en este momento se trata de una guerra de ideas. La lucha ya no es de razas o pueblos, la lucha ahora es de espíritus. ¡Entiéndelo bien!”.
Las leyes pueden cambiarse
Entonces la Señora junta las manos. Veo ahora al Papa con los cardenales y los obispos. La Señora dice, como si se dirigiera al Papa: “Tú puedes salvar el mundo. Ya lo he dicho otras veces: Esta es la oportunidad para Roma. Aprovecha este momento. Ninguna iglesia en el mundo es estable como la tuya. Pero adáptate a tu tiempo e insiste en poner al día a los religiosos, sacerdotes, seminaristas, etc., etc. Insiste, llévalo a cabo hasta en los mínimos detalles. La doctrina permanece, pero las leyes pueden ser cambiadas. Haz que los hijos de este mundo gocen más del Memorial de mi Hijo”. Luego la Señora me dice: “Te he mostrado en el sueño como se puede lograr que se comulgue con mayor frecuencia. Esto te lo digo de Holanda y de todos los demás países en que no se hace”.
Países de Europa. América
“A Alemania quiero decirle: Que en este país todos se pongan a trabajar fuertemente, para volver a traer a todos los que se han extraviado, a lo que es el centro: la Cruz. Sacerdotes hay muy pocos, pero seglares hay muchos. Lleven a cabo pues, una gran acción entre los seglares para exhortarlos a este propósito. Trabajen aquí sobre todo con gran amor y caridad. Que los grandes de Alemania ayuden y no se alejen de la Iglesia”. Entonces la Señora dice lo siguiente en alemán: “Deutschland jedoch liegt mir sehr am Herzen. Die Mutter Gottes weint über die Kinder Deutschlands. (Sin embargo Alemania me importa muchísimo. La Madre de Dios llora por los hijos de Alemania). A Francia, Bélgica, Los Balcanes y Austria, les digo esto: No se dejen llevar por el espíritu de la mentira. A Italia le digo: Ustedes, los grandes de Italia, ¿saben cuál es su tarea? A Inglaterra le digo: Yo volveré, Inglaterra. A América le digo: No impongas tanto tu política y busca el verdadero Espíritu. Estoy contenta que en este momento América encuentre más la Fe”.
África. Asia. Nosotros cuidamos de ellos
“A África le digo: Di que allí deseo un seminario. Ayudaré a los dominicos. Di esto a tu director espiritual [ -nota 29]. Dile, además, que el Hijo está satisfecho de su trabajo y su dirección. De todos modos, dile que en estas cosas se atreva a ir más a fondo. Te quiero utilizar solamente para realizar la voluntad del Hijo en este tiempo. Una cosa sí quiero pedirte: Que tú, hija de hombre, ayudes a la gente lo más que puedas. Yo te daré la fuerza necesaria. Tu director espiritual ha sido elegido para ayudarte en esta tarea. Aparte de esto, todo lo demás puede seguir así como está. Él me entenderá. Por lo demás, deseo decirles a todos los pueblos asiáticos y orientales, conozcan o no al Hijo: Nosotros cuidamos de ellos”.
Este tiempo es Nuestro tiempo
Entonces la Señora señala nuevamente el globo de la tierra y dice: “Este tiempo es Nuestro tiempo. Tú, hija, eres solamente el instrumento para transmitir estas cosas. Y así lo harás. Sí, hay suficientes pruebas, las he dicho también hoy. Diles que quiero ser ‘la Señora de todos los Pueblos’”.
Mensaje N. 28 - 4 de marzo de 1951
La voluntad del Hijo
Veo una luz brillante y después oigo: “Aquí estoy de nuevo”. En medio de esa luz veo a la Señora de pie. Ella dice: “Fíjate bien y escucha lo que tengo que decirte”. La Señora sacude la cabeza, como si me desaprobara, y dice: “Hija, transmitirás mi mensaje, ¿verdad? Mi única intención es hacer que la voluntad del Hijo se cumpla en este tiempo. Entiéndelo bien, tú eres sólo el instrumento”.
La imagen de la Señora
Entonces es como si la Señora se pusiera muy claramente ante mí, y me dice: “Mira mi imagen y obsérvala detenidamente”. Y hace un gesto como diciendo: tócala. Entonces me deja tocar realmente con mis manos el contorno de su figura, pero siento ese contorno como algo espiritual. Su pelo es espeso y ondulado, hasta los hombros. Es como si en ese momento fuera humana y a la vez no. Veo que su velo es de lino; blanco, pero no blanco puro. Parece como si se hubiera echado el velo un poco hacia atrás para dejar ver mejor su cara. La Señora dice: “Eso es, grábate bien esto en tu memoria. Estoy sobre el globo de la tierra y estoy pisando firmemente con mis dos pies. Ves también claramente mis manos y mi cara, mi pelo y mi velo. El resto está como en la niebla”. Veo por un momento que alrededor de Ella hay neblina. “Fíjate bien en lo que sobresale a los dos lados a la altura de mis hombros, y sobre mi cabeza”. Sorprendida, veo que se trata de una cruz y digo a la Señora: “Es una cruz, veo el travesaño y el palo vertical que sobresalen”. La Señora sonríe y dice: “Entonces, ¿te has fijado bien? Te he mostrado mi cabeza, mis manos y mis pies, como de un ser humano. Fíjate bien, como los del Hijo del Hombre. El resto es el Espíritu”.
Difusión de la oración y de la imagen
“Harás que esta imagen sea hecha y la difundirás junto con la oración que te he dictado. Éste es mi deseo por hoy, y quiero que esto se haga en muchos idiomas. Ésa es la respuesta para tu director espiritual. Hija, sigo insistiendo en que esto se haga. Es de suma importancia que tú, hija de hombre, no permitas que otros te lo impidan. Y así tú misma serás fuerte y perseverarás”. Entonces le pregunto a la Señora: “Me siento tan débil para esto. ¿Me creerán?”. Y Ella responde: “Sólo te pido que hagas lo que te digo. Más no se te pide. Sólo deseo que esto se haga. Tú, hija de hombre, ¿puedes acaso calcular el gran valor que esto puede tener? Dile esto también a tu director espiritual. Porque en éste tiempo quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Y por eso quiero que la oración, junto con la imagen, sea traducida en todos los idiomas más conocidos y se rece todos los días. No temas”.
Explicación de la imagen
Ahora la Señora se queda inmóvil, de pie ante mí, y puedo verla muy claramente. Entonces dice: “Ahora te explico por qué vengo de esta forma. Estoy como la Señora ante la Cruz. Con la cabeza, manos y pies como de un ser humano. El cuerpo, sin embargo, es como del Espíritu, porque el Hijo vino por la voluntad del Padre. Pero ahora vendrá el Espíritu al mundo, y por eso quiero que se pida para que venga”. La Señora hace una pausa y dice: “Estoy de pie sobre el globo porque eso tiene que ver con el mundo entero”. Entonces la Señora traza como un semicírculo con la mano y dice: “Fíjate bien”. Ahora veo un semicírculo que va de un extremo al otro del palo horizontal de la cruz. Es como si ese círculo fuera de una luz particular, y dentro veo destacarse letras de imprenta negras: al lado izquierdo “de Vrouwe” (la Señora); arriba en el centro “van alle” (de todos), y a la derecha “Volkeren” (los Pueblos). Entonces la Señora dice: “¿Por qué te doy esto aquí? Porque en esto tengo una intención especial; será para más adelante. Transmite bien todo. Éste es por hoy mi mensaje. El espíritu de la falsedad penetra de un modo tan tremendo, que es necesario que todo esto se realice cuanto antes. El mundo entero se está degenerando y por eso el Hijo envía a la Señora de todos los Pueblos, que un día era María”.
Mensaje N. 29 - 28 de marzo de 1951
Obediencia al Hijo
Veo una luz brillante y a continuación oigo: “Aquí estoy de nuevo, la Señora de todos los Pueblos”. Entonces veo claramente a la Señora de pie ante mí. Ella dice: “Sólo vengo a darte el siguiente mensaje. Dile a tu director espiritual que así todo va bien. El Hijo quiere sólo que Le obedezcan. Hay que cumplir su voluntad”.
Una vez más la oración
“Fíjate bien otra vez como soy”. Ahora parece que la Señora se me acerca más y ahora me muestra todo muy claramente. Entonces dice: “Así habrá que difundirla. Al texto de la oración dictada no se le puede cambiar nada”. De nuevo la Señora dice la oración de la misma manera, tan preciosa y con esa expresión celestial:
“Señor Jesucristo, Hijo del Padre, manda ahora tu Espíritu sobre la tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la Señora de todos los Pueblos, que un día era María, sea nuestra Abogada. Amén”.
Mientras la Señora reza la oración, hace que yo la lea en letras de imprenta. Entonces veo que la palabra “ahora” de “manda ahora tu Espíritu”, y la palabra “todos” de “la Señora de todos los Pueblos”, están subrayadas. Entonces dice la Señora: “‘Que un día era María’, tiene que permanecer así”.
Época de decadencia
“Dile además a tu director espiritual que la prudencia es buena. Pero que el Hijo me envía a ti para llevar a cabo esto, lo cual es su voluntad. No tengas miedo, hija. Estoy como la Señora ante la Cruz y como tal quiero ser traída de nuevo al mundo. Y tú, hija, eres sólo el instrumento, sólo el instrumento. Ya te he mostrado anteriormente [ -nota 30]: ‘51–53’. ¿Sabes tú, hija mía, qué época es ésta? Esta época, de tal apostasía, el mundo nunca la ha vivido; y por eso quiero que esto se lleve a cabo rápidamente y sin miedo. Di esto a tu director espiritual; que en este tiempo moderno, en este mundo moderno que sabe actuar tan rápidamente en lo material, también en lo espiritual hay que actuar de forma moderna y rápida”.
Peligro para Roma
En ese momento veo Roma de repente ante mí. Oigo decir a la Señora, moviendo el dedo en señal de desaprobación: “¿Conoces tus leyes?”. Entonces la Señora me dice de nuevo: “Dile además a tu director espiritual que no tenga miedo. Él me entenderá, pues he sido yo quien ha elegido a él y a ti para transmitir esto. Éste es mi mensaje especial por hoy, para que se haga. Ya he dicho anteriormente: la Cruz hay que traerla de nuevo al mundo, en estos años, del 51 al 53. Ustedes no saben lo que el futuro les depara. Ustedes no se dan cuenta del gran peligro que corre Roma. Roma se cree que aún sea fuerte, pero no sabe cuánto es socavada en sus fundamentos. ¿Saben cuánto hay que actuar rápidamente? ¿Saben que la teología tiene que ceder ante la causa de mi Hijo?”.
No tengas miedo
A continuación la Señora dice: “Ahora me quito de la Cruz y me pongo junto a ella”. Ahora Ella se pone a un lado y es como si yo me viera delante de la gran Cruz. Otra vez me dan esos dolores horribles. Duran un poco. Entonces la Señora viene a ponerse de nuevo ante la Cruz y dice: “Harás lo que te digo, hija. Yo te ayudaré, a ti y a los demás. Quiero que se difunda en muchos idiomas. En esto te ayudaré. Pero no tengas tanto miedo. ¿Por qué tendrías de tener miedo de la causa del Hijo? Hazlo saber, pues de lo contrario el mundo se corromperá. Pues si no el mundo se autodestruirá. Pues si no vendrán siempre guerras y quedará la destrucción”.
Falsos profetas
“Roma tiene que saber cuál es su tarea en este tiempo. ¿Sabe Roma qué enemigo la acecha, que va arrastrándose por el mundo como una serpiente? Y no me refiero sólo al comunismo; vendrán todavía otros muchos profetas, falsos profetas. Por eso habrá que utilizar esos medios. Estoy como la Señora ante la Cruz, como la Madre ante mi Hijo, que por el Padre vino a mí. Y por eso estoy ante mi Hijo como la Abogada y la Portadora de este mensaje para este mundo moderno”.
Mensaje N. 30 - 1º de abril de 1951
De todos los pueblos
Veo una luz brillante y oigo una voz que dice: “Hija, la vez anterior vine sólo para que se supiera que era yo”. Y ahora veo que la Señora sale de esa luz. Ella me dice: “Ahora estoy aquí para seguir explicándote. Fíjate bien y escucha con atención lo que he de decirte. Estoy aquí y quiero ser la Señora de todos los Pueblos; no sólo de un pueblo en particular, sino de todos”. Diciendo esto, la Señora abre los brazos y veo muchísima gente de todo tipo, incluso gente que yo ni siquiera sabía que existía.
El último dogma mariano
La Señora continúa: “Ahora te voy a seguir explicando. Fíjate bien. Trata de comprender el contenido de este mensaje. Yo estoy de pie ante la Cruz, con la cabeza, las manos y los pies como de un ser humano. Mi cuerpo es como del Espíritu. ¿Por qué estoy así? Mi cuerpo también fue llevado al Cielo, como el Hijo. Ahora me encuentro ante la Cruz ofreciendo el Sacrificio, pues yo sufrí con mi Hijo espiritualmente y sobre todo corporalmente. Éste será un dogma muy discutido”. Yo le digo a la Señora que este mensaje me asusta. Entonces la Señora dice: “Hija, transmite esto y di que los dogmas marianos quedan clausurados con éste”. Mientras la Señora dice esto, forma una especie de anillo o círculo, que cierra por decir así con una llave. “Tú no tienes que hacer más que transmitir esto. He dicho que la teología tiene que ceder ante la causa de mi Hijo. Con esto quiero decir: Teólogos, el Hijo siempre busca lo pequeño y lo sencillo para su Obra. ¿Creen ustedes en lo pequeño y sencillo que predican a los demás? Hay que creer con sencillez. Ya no tenemos mucho más tiempo para esperar. Este tiempo es Nuestro tiempo”.
La Madre del Hijo del Hombre
Ahora la Señora se queda largo tiempo delante de mí sin decir nada y sólo me mira sonriendo. Entonces Ella se retira de la Cruz y siento de nuevo esos dolores espantosos. Primero me dan terribles calambres en todos los músculos del cuerpo. Luego desaparecen y me siento mentalmente muy cansada y extraña. Después veo a la Señora otra vez ante la Cruz y cesan mis dolores. Ahora veo a la Señora como en la niebla. Su cuerpo es tan transparente, que a través de él, veo claramente la Cruz delante de mí. Inmediatamente empiezan de nuevo esos horribles dolores. Esto dura un poco y luego todo vuelve otra vez a la normalidad, y la Señora me dice: “Hija, como ha sufrido Él, así he sufrido también yo, como Madre del Hijo del Hombre. Repítelo bien”.
En el corazón de todos los pueblos
Después la Señora me indica el globo terrestre sobre el cual está de pie, y veo como si alrededor de Ella estuviera nevando. La Señora sonríe y dice: “¿No lo entiendes? Observa bien el globo”. Entonces veo el globo terrestre cubierto por una gruesa capa de nieve. Ahora la Señora sonríe de nuevo y dice: “Mira otra vez el globo”. Es como si el sol lo iluminara; como si la nieve se derritiera y desapareciera lentamente del suelo. Entonces dice la Señora: “Te preguntas qué significa eso. Ahora te doy la explicación de mi venida de hoy. Como los copos de nieve van cayendo sobre la tierra y van cubriendo el suelo con una espesa capa, así se difundirá la imagen con la oración y caerá en los corazones de todos los pueblos”. Mientras dice esto, veo a todos esos pueblos de pie delante de mí. La Señora indica entonces su propio corazón y luego los corazones de todas esas personas y dice: “Como la nieve se deshace en la tierra, de la misma manera el fruto –el Espíritu– penetrará en los corazones de todos aquellos que digan esta oración cada día, pues piden que el Espíritu Santo venga al mundo”.
Comiencen y verán el milagro
“Y ahora me dirijo a los que desean un milagro. Pues bien, les digo: Comiencen esta obra de redención y de paz, llenos de celo y fervor, y verán el milagro. Éste es mi mensaje para hoy, pues el tiempo apremia. Hay que emprender una gran acción en favor del Hijo, de la Cruz y de la Abogada y Portadora de la paz y la tranquilidad, la Señora de todos los Pueblos”.
La fe sencilla
“Tú, hija, tendrás que colaborar sin miedo ni temor. Tú sufrirás física y espiritualmente. Más tarde verán cuál ha sido mi intención. Yo te daré indicaciones para la difusión. Hoy te he traído aquí, en todo silencio y calma, para que puedas transmitir bien mi mensaje. Di que esto es urgente. El mundo está tan corrompido y es tan materialista, que es urgente volver a llevar la fe sencilla entre los hombres. Eso es todo lo que necesitan: La Cruz con el Hijo del Hombre. Ustedes, padres de familia de este mundo, enseñen a sus hijos a volver a la Cruz. Yo les ayudaré como la Señora de todos los Pueblos”.
Ten confianza
“Y tú, Hija, en tu regazo pongo a todos los hijos de los hombres. ¡Mírame y ten confianza!”. Luego la Señora se queda mirándome largo rato y va desapareciendo lentamente, mientras me dice: “Este tiempo es Nuestro tiempo”.
Mensaje N. 31 - 15 de abril de 1951
El lienzo de Jesús
Veo otra vez esa gran luz brillante. Muy despacio, la Señora comienza a emerger de esa luz hasta encontrarse muy claramente delante de mí. La Señora no dice nada todavía, sólo me mira sonriendo. Esto dura un momento, hasta que empieza a hablar. La Señora dice: “Hija, fíjate bien otra vez”. Ahora la Señora indica el lienzo que lleva alrededor de su cintura; tengo que mirarlo bien. La Señora dice: “Has expresado todo correctamente. Estás en el buen camino. Tan sólo, mira bien este paño”. Veo entonces como si la Señora se quitara el paño de la cintura. Es un velo muy largo y Ella me hace ver cómo se lo pone. Con la mano izquierda sostiene el extremo del paño y con la derecha le da dos vueltas alrededor de la cintura, hasta quedar de nuevo al lado izquierdo. Luego con la mano izquierda dobla el resto del paño, de forma que queda una parte colgando. “Escucha bien lo que esto significa”, dice la Señora. “Es como el lienzo que cubrió la cintura del Hijo en la Cruz, pues estoy como la Señora ante la Cruz del Hijo”.
Un nuevo dogma
“Esta imagen precederá...” –la Señora espera un momento y luego repite recalcando con fuerza– “precederá a un dogma, un nuevo dogma. Ahora te lo voy a explicar, escucha bien. El Hijo vino a este mundo como el Redentor de los hombres y la Obra de Redención era la Cruz, con todo su sufrimiento, espiritual y corporal”. Entonces la Señora se retira de la Cruz, y ahora soy yo quien está ante la gran Cruz. Otra vez siento esos terribles dolores, aún más fuertes que antes. Esto se me hace muy largo, y luego la Señora viene como en una niebla a ponerse ante la Cruz. La veo retorcerse y empieza a llorar. Su rostro expresa un dolor indescriptible y las lágrimas corren por sus mejillas. Entonces la Señora dice: “Hija mía”, y es como si Ella me comunicara ese dolor. Primero se apodera de mí un cansancio espiritual; lo siento muy intenso. Luego siento los mismos dolores que antes, aunque no tan fuertes como la primera vez. De repente es como si me desplomara y digo a la Señora: “Ya no puedo más”. Esto dura un momento y luego todo termina.
La Corredentora y Abogada
La Señora está de nuevo muy claramente ante la Cruz y dice: “Escúchame bien, entiende bien lo que ahora voy a explicar. Te repito: el Hijo vino al mundo como el Redentor de los hombres; la Obra de la Redención era la Cruz. Él fue enviado por el Padre. Pero ahora el Padre y el Hijo quiere [ -nota 31] enviar a la Señora por todo el mundo, pues Ella anteriormente también precedió y siguió al Hijo. Por eso estoy ahora de pie sobre el mundo, sobre el globo de la tierra. La Cruz está ahí bien plantada y enraizada. Ahora viene la Señora a ponerse ante ella, como Madre del Hijo, que completó con Él esta obra de Redención. Esta imagen habla claro y desde ahora será llevada por el mundo, porque el mundo nuevamente necesita la Cruz. Pero la Señora está ante la Cruz como la Corredentora y Abogada. Esto provocará mucha oposición, pero la Iglesia, Roma, no tendrá miedo de entablar esta lucha. La cual sólo hará que la Iglesia se vuelva más fuerte y vigorosa. Esto se lo digo a los teólogos. Y además les digo que tomen este asunto en serio. Te repito: el Hijo busca siempre lo pequeño y lo sencillo para su Obra. Hija, espero que hayas comprendido bien esto y que puedas transmitirlo”.
Rápida difusión de la oración
“Ahora te hablo especialmente a ti, hija: haz que la difusión se haga rápida”. Yo le digo a la Señora: “¿Y cómo puedo yo hacer eso? Siento tanto miedo de hacerlo”. Y la Señora me dice: “¿Tienes miedo? ¡Yo te ayudo! Ya verás que la difusión se hará por sí sola. Tú vas por buen camino. Esto se ha de hacer y se hará; todos los que acepten esta oración se comprometerán a rezarla todos los días. Tú no puedes calcular lo que eso vale. Tú no sabes lo que el futuro traerá”.
La corrupción del mundo
Entonces la Señora me hace ver el mundo: Es como si muchas serpientes se arrastraran por todo el globo. Y dice: “Los hombres todavía no se dan cuenta de cuán grave es la situación del mundo. Volviéndose los hombres tan superficiales, no pueden comprender cuánto daño eso causa a la fe”. Después la Señora mira largo rato hacia delante, como si mirara fijamente a lo lejos. Luego dice: “Hija, este tiempo es como el que precedió a la venida del Hijo. Por eso no puedo insistir bastante en que los hombres, que Roma, que todos colaboren en la lucha a favor de la Obra del Hijo. Ya sé que aquí y allá hay un despertar, pero está lejos de lo que tiene que ser para poder salvar al mundo. Y al mundo hay que salvarlo de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Envía esta oración con la imagen a los países en que la fe se ha debilitado”.
Paz
“Y ahora me dirijo a tu director espiritual. Dile que él sabe cómo actuar. Yo ayudaré, y harán sólo lo que yo les diga. Quiero ser la Señora de todos los Pueblos, que quiere ayudar al mundo en este tiempo. Los hombres no saben a dónde ir. Pues bien, que vuelvan a la fe sencilla y el mundo obtendrá nuevamente la paz”. Ahora la Señora se va muy despacio y le oigo decir otra vez: “Este tiempo es Nuestro tiempo”.
Mensaje N. 32 - 29 de abril de 1951
La Señora de todos los Pueblos
Veo una luz brillante. Lentamente la Señora emerge de esa luz. Ahora la veo claramente de pie y Ella dice: “Aquí estoy como la Señora de todos los Pueblos, y vengo ahora para enseñar precisamente que quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Escúchame bien. Tú me ves aquí, de pie sobre la tierra, junto a la Cruz del Hijo. No se te ha olvidado transmitir nada. Sólo faltaba el lienzo en torno a la cintura. Es el que llevaba puesto el Hijo; di esto”.
El dogma de la Corredentora
“Aquí estoy como la Corredentora y Abogada. Todo pensamiento ha de dirigirse a esto. Repite lo siguiente: el nuevo dogma será el dogma de la Corredentora. Quiero marcar especialmente ‘Co’. Ya he dicho que será muy combatido. Y te repito nuevamente: la Iglesia, Roma, luchará y lo hará. La Iglesia, Roma, afrontará oposición y resistencia. La Iglesia, Roma, se volverá más fuerte y vigorosa, a medida que resista en la lucha. Mi intención y el encargo que te hago, no son sino de exhortar a la Iglesia y a los teólogos a que emprendan esta lucha, puesto que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desea [ -nota 32] traer al mundo, como Corredentora y Abogada, a la Señora que fue elegida para traer al Redentor”.
Este tiempo es Nuestro tiempo
“Yo he dicho: Este tiempo es Nuestro tiempo. Con esto quiero decir lo siguiente: El mundo se corrompe y se vuelve indiferente; no sabe qué rumbo tomar. Por eso el Padre me envía para que sea la Abogada, a fin que venga el Espíritu Santo. Y es que el mundo no puede ser salvado por la fuerza; el mundo será salvado por el Espíritu. Pues sólo las ideas son las que gobiernan el mundo. Adelante, pues, Iglesia de Roma, ya conoces tu tarea. Lleva tus ideas, lleva de nuevo a Cristo”.
La Señora bajo la Cruz
Ahora la Señora se retira de la Cruz y a mí me dan otra vez esos terribles dolores, pero llegando al extremo. Esto dura un poco y después veo a la Señora, como en una neblina, de pie ante la Cruz. En eso empiezo a sentir de nuevo esos fuertes dolores físicos y espirituales. Me siento agotada; es como si me fuera a desplomar y digo: “Ya no puedo más”. Entre tanto veo que la Señora se desploma bajo la Cruz y se abraza a los pies de su Hijo, llorando amargamente. Después la veo levantarse y del lado derecho veo venir una espada, cuya punta se dirige al corazón de la Señora. Entonces le oigo decir: “Ésa era la espada que se me había predicho”.
Ya había sido predestinada
Entonces se me pasan todos los dolores y la depresión espiritual, y de nuevo veo claramente a la Señora ante la Cruz. Ella me mira y dice: “Hija, transmite claramente a los que luchan y trabajan por esta obra deseada por el Hijo, que lo hagan con mucho celo y fervor”. Luego la Señora sonríe y dice: “Yo les ayudaré. Ya te he dicho, te he dictado esa sencilla oración al Padre y al Hijo. Cuida que sea difundida por todo el mundo, en todos los pueblos. Todos tienen derecho a ello. Te aseguro que el mundo cambiará. Pero tú, hija mía, comunica simplemente cuanto te digo. Tu director espiritual hará mi voluntad, sencillamente. ¿Me preguntas cómo? Solamente difundiendo, otra cosa no se te pide. Esto solamente precederá; repito: Precederá. Esta imagen será utilizada como una obra precedente de paz, de redención. Más tarde emplearán esta imagen para la Corredentora”. Luego la Señora hace una pausa. Entonces dice otra vez marcando las palabras: “¡Corredentora! Los dolores, espirituales y físicos, los compartió la Señora. Ella siempre ha precedido. Cuando el Padre la eligió, ya era Ella la Corredentora con el Redentor, que vino al mundo como el Hombre-Dios. Diles eso a sus teólogos. Yo bien sé que la lucha será grande y dura...” –y la Señora sonríe y parece como si mirase lejos– “pero ya había sido predestinada”.
La gravedad de los tiempos
Entonces la Señora me dice, dando unos pasos más hacia delante: “Tú me ves ahora de pie, muy claramente. Así la imagen irá por el mundo. Por tanto, hija, insiste en que estas cosas se lleven a cabo. No, no vacilarán; actuarán. La hora es demasiado grave. Nadie comprende cuánto lo sea. También quiero llegar a esos pueblos que han sido apartados de mi Hijo. Salva así mismo a los hombres que son obligados a apartarse de Él. Tú tienes la obligación. El mundo está tan corrompido, que ha sido necesario que el Padre y el Hijo me enviaran a todos los pueblos, para venir a salvar como la Corredentora. Di esto a los teólogos”. Entonces veo a la Señora irse y oigo que otra vez dice: “Este tiempo es Nuestro tiempo”.
Mensaje N. 33 - 31 de mayo de 1951 Fiesta de María Medianera de todas las Gracias [ -nota 33]
Corredentora, Medianera y Abogada
Ahí está la Señora otra vez y dice: “Aquí estoy y vengo a decirte que quiero ser María, la Señora de todos los Pueblos. Fíjate bien. Estoy ante la Cruz del Redentor. Mi cabeza, mis manos y mis pies son como los de un ser humano, como los del Hijo del Hombre; el cuerpo es como del Espíritu. He puesto mis pies firmemente sobre el globo terrestre, porque en este período el Padre y el Hijo quiere [ -nota 34] traerme en este mundo como la Corredentora, Medianera y Abogada. Éste será el nuevo y último dogma mariano. Esta imagen lo precederá. Este dogma será muy discutido pero se cumplirá. Te he repetido estas cosas para que se las sepas explicar a tu director espiritual y a los teólogos e indicarles la refutación”.
El rebaño de ovejas
“Ahora pon mucha atención y di lo que te muestro. Ésta es la última indicación que doy sobre la imagen. Fíjate bien. Estoy sobre el globo de la tierra. Tú creías ver nubes alrededor de la tierra. Pero observa bien lo que te muestro”. Entonces veo que las nubes se vuelven ovejas vivas. De la izquierda y de la derecha, en torno al globo, como de lo profundo, va saliendo por ambos lados un rebaño de ovejas. Acá y allá veo también ovejas negras. Los corderitos se echan a los pies de la esfera terrestre. Las ovejas avanzan, algunas de ellas pastando. Pero la mayor parte tiene la cabeza levantada, como si miraran fijamente a la Señora y a la Cruz. Hay también algunas ovejas echadas, con la cabeza levantada que miran a la Señora. Es un panorama hermoso y apacible. Entonces me dice la Señora: “Hija, grábate bien esta representación en tu memoria y transmítela bien. Esta imagen del rebaño representa a los pueblos del mundo entero, que no hallarán descanso hasta que se humillen y miren pacíficamente la Cruz, el centro de este mundo”.
Rayos de Gracia, de Redención y de Paz
“Observa ahora mis manos y dime lo que ves”. Ahora veo como si en medio de sus manos hubiese habido una herida y de ahí, de cada mano, salen tres rayos que iluminan las ovejas. La Señora sonríe y dice: “Estos son tres rayos, los rayos de Gracia, Redención y Paz. Por la Gracia de mi Señor y Maestro, el Padre envió a su Hijo, por amor a la humanidad, como Redentor, al mundo. Ellos dos quieren enviar ahora al verdadero Espíritu Santo, que no es otra cosa que Paz. De modo que: Gracia, Redención y Paz. El Padre y el Hijo quieren enviar en este tiempo a María, la Señora de todos los Pueblos, como la Corredentora, Medianera y Abogada. Con ello te he dado una clara y precisa explicación de esta imagen. Con esto la imagen está completa”. [ -nota 35]
Promesa
“Tú, hija, eres el instrumento, solamente el instrumento para transmitir estas cosas. Encárgate de que esta oración breve y potente, en la que se pide que se envíe al verdadero Espíritu Santo, se difunda cuanto antes posible. Dile a tu director espiritual y a todos lo que colaboran en ello, que yo prometo dar gracias para el alma y para el cuerpo –en la medida que sea la voluntad del Hijo– a todos aquellos que ante esta imagen recen e invoquen a María, la Señora de todos los Pueblos”.
De país en país, de ciudad en ciudad
“No consideren que esto es sólo para un grupo determinado, pues yo soy la Señora de todos los Pueblos. Esta imagen irá de país en país, de ciudad en ciudad. Ésa es la intención del Plan de Redención. Ahora me dirijo a tu director espiritual y los demás colaboradores. Ya sabrán cuál es su deber; no vacilen en hacer lo que yo he pedido. De nuevo quiero decirles que prometo ayudar a todos los que tengan necesidades espirituales o corporales, si cumplen mi voluntad, la voluntad del Padre”.
Hombres y mujeres de este mundo
Ahora la Señora espera un momento, mirando adelante y dice: “Teólogos, no tendrán ninguna dificultad si piensan que el Señor y Maestro ya había predestinado la Señora para el Sacrificio. La espada ya estaba dirigida al corazón de la Madre. Con esto quiero decir que siempre he precedido al Hijo en los sufrimientos espirituales y físicos. Ahora les hablo a las mujeres de este mundo. Mujeres de este mundo: ¿Saben qué significa ser mujer? Ser mujer significa sacrificar. Abandonen todo su egoísmo y su vanidad y preocúpense de llevar a todos los niños y a todos los que vagan extraviados, al punto central: a la Cruz. Sacrifíquense también ustedes. Y ahora me dirijo a los hombres de este mundo. Les digo: Hombres, de ustedes tiene que salir la fuerza y la voluntad para traer al mundo a su único Soberano: El Señor Jesucristo”.
Actuar moderna y rápidamente
“Hija, te he explicado lo que este mensaje significará para el mundo. Tú te encargarás, por medio de tu director espiritual y de otros, de que esto se dé a conocer. Éste es mi deseo por hoy. Pues quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Actuad con medios modernos y rápidamente”. Y ahora la Señora se aleja lentamente mientras dice: “Este tiempo es Nuestro tiempo”.
Mensaje N. 34 - 2 de julio de 1951 Fiesta de la Visitación de María [ -nota 36]
Una gran acción por Dios
Veo otra vez a la Señora en medio de una luz brillante. Ella sonríe, y dice mirando a su alrededor: “Estoy contenta. Tú ocúpate de la difusión. He dicho que desde aquí empezará una gran acción para Dios y en ella colaborarán todos”.
Explicación del nuevo dogma
“Fíjate bien y escucha. Lo siguiente es una explicación del nuevo dogma. Estoy sobre el globo de la tierra ante la Cruz del Redentor como Corredentora, Medianera y Abogada. El Redentor vino al mundo por la voluntad del Padre. Para eso, el Padre se sirvió de la Señora. El Redentor recibió de la Señora únicamente –y subrayo la palabra ‘únicamente’– la carne y la sangre, o sea, el cuerpo. De mi Señor y Maestro, el Redentor recibió su Divinidad. De ese modo, la Señora se convirtió en la Corredentora. He dicho que este tiempo es Nuestro tiempo. Esto significa que en este tiempo el Padre y el Hijo quiere [ -nota 37] enviar a la Corredentora, Medianera y Abogada a todo el mundo”.
Amor a Dios, amor al prójimo
Luego la Señora se queda de pie ante mí largo rato, sin decir nada. Después, mirándose las manos, me dice: “Ahora mira bien mis manos. De ellas salen los rayos de Gracia, Redención y Paz. Los rayos iluminan a todos los pueblos, a todas las ovejas. Entre estos hombres hay muchos de buena voluntad. Ser de buena voluntad significa cumplir el primer y más importante mandamiento. El primer y más importante mandamiento es el Amor. El que tiene amor, adorará a su Señor y Creador en su Creación. El que tiene amor, no será nunca deshonesto con su prójimo. Eso es lo que en este mundo falta, amor a Dios, amor al prójimo”.
Que un día era María
“Este tiempo es Nuestro tiempo. Todos los pueblos tienen que adorar al Señor y Maestro en su Creación. Todos los pueblos tienen que pedir que venga el verdadero Espíritu Santo. Por eso he dado esa oración, breve y potente. Así es que te repito: Esta oración tiene que ser difundida cuanto antes. El mundo entero se está degenerando. Que los hombres de buena voluntad pidan todos los días que venga el verdadero Espíritu. Yo soy la Señora de todos los Pueblos. Este tiempo es Nuestro tiempo. ‘Que un día era María’ significa que muchos han conocido a María como María, pero ahora, en este nuevo período que llega, quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Esto lo entienden todos. Di esto a tu director espiritual. Dile que estoy contenta de todo, y subrayo la palabra ‘todo’. Y a ti, hija, te pido que hagas y transmitas lo que te digo. ¡No tengas miedo, sólo transmite!”.
Mensaje N. 35 - 15 de agosto de 1951 Fiesta de la Asunción de María Santísima
El dogma de la Asunción de María
Veo a la Señora. Ella dice: “Hoy vengo como la Señora de todos los Pueblos”. Después la Señora indica a su alrededor, me mira y dice: “Yo aplasté a la serpiente con mi pie. Yo estoy reunida con el Hijo, igual que siempre lo había estado. Éste dogma [ -nota 38] ha tenido que preceder en la historia de la Iglesia. Como Corredentora, Medianera y Abogada estoy ahora en este tiempo, en Nuestro tiempo. El dogma de la Asunción tenía que precederlo. El último y más grande dogma vendrá después de éste. En este tiempo, el Sacrificio está y estará en el centro del mundo”.
Entregados a la Madre
Ahora la Señora se aparta de la Cruz y de nuevo me dan dolores fortísimos. Después la Señora vuelve a ponerse de pie ante la Cruz y yo siento una gran compasión al ver su sufrimiento. Entonces veo brotar de la Cruz una luz intensa. La Señora dice: “Los hombres han sido encomendados a la Madre, ya que el Hijo ha dicho: ‘Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu Madre’; por lo tanto Corredentora, Medianera y Abogada. Di esto a sus teólogos. Diles que yo quiero ser y seré la Corredentora, Medianera y Abogada”.
El último dogma mariano
“Esta imagen precederá; esta imagen será difundida. Dile esto a tu director espiritual. Estoy contenta de todo, también de la prudencia. Pero... la Señora de todos los Pueblos se establecerá en el mundo. Ésta es la voluntad del Padre y del Hijo, con quien estoy de nuevo completamente unida. Como el Hijo me conoció, igualmente me ha vuelto a tomar. El último dogma mariano será el más importante: El de estar ante la Cruz como la Corredentora en este tiempo”.
No vacilen
“Yo he dicho: Vendrán calamidades, calamidades naturales. He dicho: Los grandes no estarán de acuerdo. He dicho: El mundo se está degenerando. Por eso ahora el Padre y el Hijo vuelven a enviar a la Señora al mundo como ya había estado. La Señora que por un tiempo fue conocida como María. El mundo se corromperá; se está corrompiendo. Holanda está al borde de la corrupción, por eso he puesto mi pie encima. Desde Holanda quiero enviar mis palabras al mundo. Mi otro pie está sobre Alemania: Die Mutter Gottes weint über die Kinder Deutschlands. (La Madre de Dios llora por los hijos de Alemania). Ellos siempre han sido mis hijos y por eso quiero también ser llevada desde Alemania por el mundo como la Señora de todos los Pueblos. Yo te ayudaré a ti y a todos los que se ocupen de esto. Quiero además que la difusión penetre en los países que se han aislado de los demás. También a ellos la Señora de todos los Pueblos dará su bendición. Ocúpate de esto, sin perder tiempo, como tampoco yo he perdido nunca el tiempo. Yo he precedido al Hijo hacia la Cruz. Esta imagen precederá. Esta imagen será llevada por el mundo. ¿Sabes tú, Roma, cómo se está socavando todo? Los años se irán volando, muchos años pasarán. Pero mientras más años pasen, menos fe habrá; cuantos más años, más apostasía. La Señora de todos los Pueblos se encuentra aquí y dice: Yo quiero ayudarles y puedo ayudarles”.
El Amor
“El primer y más importante mandamiento para los hombres es el Amor. El que tiene amor adorará a su Señor y Maestro en su Creación; eso significa que verá la grandeza de su Creación, incluido el Sacrificio. El que tiene amor hará a los demás todo lo que le gustaría que le hiciesen a él. El amor es el primer y más importante mandamiento que Cristo ha dado. Esto deseo hacer presente hoy. Este mensaje ha de ser transmitido. Tú eres el instrumento”.
Hacia el bien, hacia Cristo
“La Iglesia encontrará mucha oposición respecto al nuevo dogma. A otros les causará asombro. Pero sólo esto hará que la Iglesia sea más fuerte y vigorosa. ¿Sabes, Roma, cuán grande es el poder que tienes? ¿Te das cuenta realmente de lo que tienes en las manos? Simplemente debes conducir a los hombres hacia el bien, hacia Cristo. Lo demás no tiene importancia. Quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Yo quiero y puedo conceder Gracia, Redención y Paz a todos los que me lo pidan. Hoy se lo prometo”.
Todos unidos en Cristo
“Tú, hija, espera tranquila. Que tu director espiritual no tenga tanto miedo. Lleva a todos los pueblos a la unión de un solo pensamiento. Que todos los pueblos sean UNO en Cristo”. Y la Señora se va lentamente.
Mensaje N. 36 - 20 de septiembre de 1951
Corrosión espiritual
Aquí está la Señora otra vez. Me mira un largo rato sin decir nada. Luego empieza a hablar y dice: “He sido llamada Miriam, o sea, María. Ahora quiero ser llamada la Señora de todos los Pueblos. Hija, di que el tiempo apremia”. Entonces veo escrito “52”. La Señora dice: “Antes sucederán cosas grandes y serias, acontecimientos espirituales, económicos, materiales; sucesos espirituales, corrosión espiritual”.
Generosos y tolerantes
“Los cristianos de todo el mundo deben unirse. ¿Saben los cristianos lo que otros hacen y sacrifican por sus ideales? La Iglesia tendrá que prepararse para grandes peligros, y así lo hará. Los cristianos tendrán que estar unidos entre ellos. Que consideren cuál es su papel en este mundo. Vuelvo a advertir a Roma y digo al Santo Padre: Tú eres el luchador en este tiempo. Haz que tus súbditos sean generosos y tolerantes en su trabajo y sus juicios. Sólo así se puede ganar este mundo para la fe”.
La oración para pedir el verdadero Espíritu
Ahora veo de pronto que empiezan a caer copos de nieve alrededor de la Señora y que van cayendo sobre el globo terrestre. La Señora dice: “Hija, ¿por qué no se está difundiendo la oración? ¿Por qué esperan tanto? Yo te la dicté para que sea llevada entre los hombres, al mundo entero. Que todos recen esta sencilla oración cada día. Esta oración se ha dado así, pequeña y sencilla, para que todos puedan rezarla en este mundo presuroso y moderno. Ha sido dada para pedir que el verdadero Espíritu venga sobre el mundo”.
Cristianos, reúnanse
Ahora la Señora mira a su alrededor y luego la esfera terrestre, y yo veo que acá y allá aparecen manchas negras sobre la tierra. La Señora dice: “Estos son los problemas económicos y materiales que vendrán al mundo. Yo he dicho: Vendrán calamidades, vendrán calamidades naturales. Ahora te digo: Todas esas manchas negras que ves ahora son las calamidades que tendrán que venir. Y ahora no hablo sólo de calamidades naturales. Una vez más les digo a todos los pueblos cristianos: Es la última hora, reúnanse. Y tú, hija, transmitirás esto. Tú dirás al mundo que la Señora de todos los Pueblos es quien te dice esto”.
Lucha por el dogma mariano
Veo ahora una sala grande, en la que están reunidos clérigos de todas clases. Están discutiendo vivamente entre ellos. A veces parece que se pelean. La Señora los señala y dice: “Dirás a los teólogos que sigan luchando por el dogma mariano de Corredentora, Medianera y Abogada”. Entonces pone su mano sobre la cabeza de algunos de esos eclesiásticos y dice: “Yo les ayudaré”.
La Señora de todos los Pueblos y la unidad
“La Señora de todos los Pueblos llegará a todas partes del mundo y volverá a esas naciones que la han rechazado. Estará como la Señora de todos los Pueblos, de pie sobre el globo de la tierra, ante la Cruz; rodeada por el rebaño de Cristo. Así quiero venir y así vendré. Yo escucharé a todos los que me pidan en esta forma, como la Señora de todos los Pueblos, según sea la voluntad del Hijo. El Señor y Maestro será servido y adorado en su Creación. Los hombres guardarán entre sí el primer y más importante mandamiento. En este tiempo deseo ser llamada la Señora de todos los Pueblos. Y ya que el mundo anhela tanto la unidad en todo lo que le concierne, el Señor y Maestro quiere conceder a los pueblos de este mundo la unidad espiritual. Por eso Él envía a Miriam, o sea, María, como la Señora de todos los Pueblos”.
El Santo Padre
“Los conventos se encargarán de la difusión. El Santo Padre dará su bendición a esta obra. Él es el luchador de este tiempo y será incluido entre los Nuestros”. Ahora veo al Papa [ -nota 39] en medio de una luz indescriptible y, junto a él, la Señora de todos los Pueblos. La Señora tiene una corona en la mano y la pone en la cabeza del Papa. Luego le pone una cruz en la mano derecha. Entonces esta imagen desaparece ante mis ojos. La Señora está otra vez sola frente a mí y dice: “Hija, transmitirás bien todo esto y dirás a tu director espiritual: Así sea”. Entonces la Señora desaparece lentamente.
Mensaje N. 37 - 15 de noviembre de 1951
Corredentora por la voluntad del Padre
Veo a la Señora de pie y me dice: “Dile al mundo que yo quiero ser la Señora de todos los Pueblos. Que el mundo pida al Señor Jesucristo, Hijo del Padre, que envíe al Espíritu Santo, para que el verdadero Espíritu habite en el corazón de todos los pueblos. Pidan que la Señora de todos los Pueblos, que un día era María, sea la Abogada. La Señora de todos los Pueblos está aquí, ante la Cruz de su Hijo. Sus pies están sobre el mundo y a su alrededor, el rebaño de Jesucristo. Vengo en este tiempo como la Corredentora, Medianera y Abogada. Corredentora era ya desde el momento de la Anunciación”. Entonces le pregunto a la Señora qué quiere decir esto. Ella responde: “Significa que la Madre ha sido hecha Corredentora por la voluntad del Padre. Di esto a sus teólogos. Diles además que éste será el último dogma de la historia mariana”.
La imagen precederá
“Esta imagen precederá; repito: Precederá. Lleva esta imagen por el mundo. Y no hablo sólo de tu país, sino del mundo entero. El mundo se está corrompiendo. El mundo sufrirá calamidad tras calamidad. El mundo está destruido y seguirá destruyéndose moral y materialmente. Las guerras continuarán mientras no venga la ayuda del verdadero Espíritu. Lleva de nuevo a los hombres a la Cruz”.
Un solo mandamiento: el Amor
Entonces la Señora indica la esfera terrestre; me entra un miedo tremendo y veo que la tierra se vuelve negra. Pero si me fijo bien, noto que no es tan negra en todas partes, sino sobre todo en oriente. La Señora dice: “Hija, transmite bien lo siguiente: Los pueblos de este mundo tienen que tener presente un solo mandamiento, y es el Amor. El que tiene amor, servirá a su Señor y Maestro en la Creación. Deben tener presente un solo mandamiento: el Amor. Si de nuevo es llevado a los hombres, el mundo se salvará”. Entonces la Señora amonesta con el dedo, diciendo: “Los paganos del mundo se lo quieren enseñar a ustedes, los cristianos. Cristianos, reconozcan su deber. Y ahora hablo a la Iglesia de Roma y digo al Papa: Haz que tus fieles sepan llevar el amor del Hijo de Dios, Jesucristo, al mundo; a este mundo corrompido. La Iglesia de Roma debe cumplir al máximo este mandamiento. Después digo: Sé generoso. En este mundo moderno trata de ponerte en el lugar de Jesucristo Crucificado. Trata de comprender y poner en práctica estas palabras. Este mundo podrá ser salvado solamente por la Iglesia, la cual posee esta doctrina”.
Inglaterra. Estados Unidos
Ahora veo Inglaterra extendida ante mí. La Señora dice: “Y ahora le digo a Inglaterra: Yo volveré”. Esto lo dice la Señora muy enérgicamente, como diciendo: No habrá quién me detenga. Y es como si realmente pisara sobre Inglaterra. “Tú, Inglaterra, serás golpeada en tus posesiones” (la Señora dice esta palabra en inglés: Dominions). Veo diferentes países que se extienden ante mí; son de mayoría negra y hay agitación en ellos. “Tú, Inglaterra, no podrás subsistir sin la ayuda de otros. Católicos de Inglaterra, sepan cuál es su tarea y trabajen por la Iglesia de Roma. Lleven a la Señora de todos los Pueblos a Inglaterra”. Entonces la Señora indica América y dice enojada: “América, ¿Dónde estás? ¿Te atreves a perseverar? Te lo pregunta la Señora de todos los Pueblos”.
Alemania
Después veo a Alemania extendida ante mí. La Señora dice: “Mira donde he puesto los pies, uno en Alemania y el otro en Holanda. Y ahora digo: Pobre pueblo alemán, ¿aún no has aprendido bastante? No te dejes engañar con bellas palabras. Cristianos de Alemania, vuelvan a la Cruz y pidan a la Señora de todos los Pueblos que ayude a Alemania”. La Señora mira hacia delante, como si mirara a lo lejos en el mundo. Entonces dice: “Ésta tendrá que ser una gran acción”.
Holanda
Ahora veo Holanda. La Señora amonesta con el dedo, diciendo: “Y ahora hablo a tu propio país y le digo: ¡Cuidado, Holanda! También tu pueblo, Holanda, va por mal camino”. Parece como si viera toda clase de caminos cruzados y tortuosos. Las personas que caminan por ellos, las veo luego caer rodando.
Francia
Ahora veo que la Señora indica Francia y dice: “Francia, has sido y serás destruida en tu fe”. Entonces veo un destello rojo que pasa sobre Francia. La Señora sigue diciendo: “Francia –y ahora me dirijo a los grandes– tú solamente podrás salvar a tu país, llevando a tu pueblo de nuevo a la Cruz y a votre Dame (a su Señora). Tu pueblo tendrá que ser llevado a la Señora de todos los Pueblos”.
Italia. El Papa
Luego veo a Italia. Levantando el dedo y advirtiendo, la Señora dice: “Italia, tú has tenido tus cruces. ¡Atenta, Roma, piensa en tu pobre pueblo! Por eso le digo de nuevo al Papa: Tú eres el luchador, tú eres quien puede salvar este mundo. Tú serás incluido entre los Nuestros. Este Papa será venerado por todos los pueblos del mundo. Ahora le hablo al mundo entero cuando digo: Pueblos, no importa quienes sean o lo que sean, recurran a su Creador en todas sus necesidades. Donde quiera que estén, aprendan a buscarlo. Pidan a la Señora de todos los Pueblos que sea su Abogada”.
La vidente y el cuadro
Luego dice la Señora, mientras me mira sonriendo: “Hija, di que estoy contenta con el comienzo de la acción. Di a todos los que colaboran, que todavía falta mucho más, que difundan aún más la oración y la imagen por el mundo. Yo les ayudaré”. Ahora veo el cuadro de la Señora de todos los Pueblos delante de mí [ -nota 40]. La Señora dice: “Y ahora te digo especialmente a ti, hija. Tú vendrás siempre a orar ante esta imagen, y te repito, ante ésta imagen, para pedir por todos los que tienen necesidades materiales y espirituales. Esto lo harás siempre, hasta el final. Con esta imagen tengo una intención especial; oirás hablar de ello más adelante. Di a tu director: Así sea”. Entonces veo a la Señora alejarse lentamente.
Mensaje N. 38 - 31 de diciembre de 1951
La doctrina es buena
Ahí está la Señora otra vez. Me mira sonriente y se queda así largo rato. Después empieza a hablarme: “Hija, mira bien y escucha lo que te vengo a decir hoy. No traigo una doctrina nueva. La doctrina es buena, pero las leyes pueden ser cambiadas”. La Señora indica el mundo; de pronto veo Roma ante mí y veo un Papa [ -nota 41]. Entonces dice la Señora: “Dile al Papa que va por buen camino. Esto tienes que comunicarlo, porque hay otras opiniones. El Espíritu de Justicia y de Verdad reinará siempre en el mundo. Te repito: el Papa está en el buen camino. Te repito: este tiempo es Nuestro tiempo. Ahora te explico algo sobre mi venida. Te repito: no vengo a traer una nueva doctrina, la doctrina ya existe. Vengo a traer otro mensaje. Transmítelo bien”.
Corredentora ya al principio
Ahora la Señora me muestra muy claramente su imagen. Es como si se acercara y entonces dice: “Transmite bien lo siguiente. El Padre, Señor y Maestro, trajo a la Sierva del Señor al mundo, como Miriam o María. Ella fue elegida entre todas las mujeres para ser la Corredentora, Medianera y Abogada. Di a sus teólogos que Ella fue constituida Corredentora ya al principio”.
El tiempo apremia
“Este tiempo es Nuestro tiempo. Ahora, el Padre y el Hijo quiere [ -nota 42] que se les pida que envíen al Espíritu. Te he dictado esa sencilla oración y te he mostrado cómo quiero que sea difundida por todo el mundo. Así que continúa con la difusión. Esta sencilla oración ha sido dada para todos los pueblos. Haz tu trabajo y encárgate de la difusión”. Entonces le digo a la Señora: “Pero no me dejan hacerlo”. La Señora me mira sonriendo y dice: “Tú harás lo que te digo. Ve donde tu obispo y dile que yo quiero ser la Señora de todos los Pueblos, enviada en este tiempo por el Padre. Te repito que la Iglesia de Roma no hará nada que vaya en contra de la Doctrina. Pues bien, esta acción no va en contra de la Doctrina. El tiempo apremia, sépanlo bien. Todos los pueblos gimen bajo el yugo del demonio y nadie sabe cuánto ha penetrado. La hora es grave y el tiempo apremia. Ahora es la buena ocasión para la Iglesia de Roma. Cuanto más dura sea la lucha, más se reforzará la Iglesia”.
El último dogma de la historia mariana
“La Señora de todos los Pueblos está de pie en el centro del mundo, ante la Cruz. Ella viene en este tiempo bajo ese nombre, como Corredentora, Medianera y Abogada. En la historia mariana Ella será recordada bajo este título. El nuevo y último dogma de la historia mariana será el de Corredentora y Medianera. En este tiempo de angustia estoy como Abogada. Que todos pidan, no importa quienes sean o lo que sean, que venga el verdadero Espíritu Santo. Esto se lo tienen que pedir al Padre y al Hijo. La Santísima Trinidad reinará de nuevo en el mundo. La Señora está aquí como la Abogada. Esto se trata del Creador, no de la Señora. Di esto a sus teólogos. Pregúntales que si quieren difundir esta sencilla oración por todo el mundo, y la Señora les dará la fuerza y la capacidad de hacerlo”.
No existe una doctrina más sencilla
Ahora la Señora indica la esfera terrestre y dice: “Te mostraré lo que va pasar. Por medio de terribles luchas y catástrofes en el mundo, los que se han alejado de la Trinidad volverán a la Iglesia. Por eso insisto: ¡Roma, aprovecha la ocasión! Sé generosa y obra sólo con amor. El amor puede salvar a este mundo tan caótico. Vuelve a llevar a todos los pueblos a su Creador. Enséñales qué sencillo es ver a su Creador. Que los hombres traten a su prójimo como a sí mismos. No existe una doctrina más sencilla. Que cada uno tenga presente estas dos cosas y la Iglesia de Roma estará contigo. Creer con sencillez, es lo que puede llevar a los hombres a la salvación”.
Rusia, China, América, Europa
“En Rusia vendrá un gran cambio...”. La Señora espera un momento y dice despacio y claramente: “... después de mucha lucha. China recurrirá a la Madre Iglesia...”. Otra vez la Señora espera un instante y luego dice muy despacio: “... después de mucha lucha. América, acuérdate de tu fe. No lleves un espíritu de error a tu gente y a los de afuera. La Señora de todos los Pueblos amonesta a América que permanezca como era. Europa, busca la paz entre tus pueblos. Ayuda a los necesitados, a los necesitados en el espíritu. Prepárate a la lucha, a la lucha espiritual. La Señora de todos los Pueblos quiere ser llevada a todos, no importa quienes sean o lo que sean. Por eso Ella recibió este título de su Señor y Maestro”.
No tengas miedo
“Tú, hija, no tengas miedo de dar este mensaje. Yo te ayudaré, ayudaré a todos los que colaboren en esto. Dile a tu director espiritual, en nombre de la Señora de todos los Pueblos, que colabore en la difusión. Y dile que no tema, sino que haga lo que se le pide. Él pedirá permiso para poder hacer esto, simplemente difundir en el mundo la imagen y la oración”.
La promesa de la oración
“La Señora de todos los Pueblos promete, además, que los que pidan con esta oración serán escuchados, si lo quiere [ -nota 43] el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta oración ha sido dada para la salvación del mundo. Esta oración ha sido dada para la conversión del mundo. Recen esta oración en todo lo que hagan. Esta oración será difundida en las iglesias y por los medios modernos. La gente de este mundo aprenderá a pedir a la Señora de todos los Pueblos, que un día era María, como Abogada, que el mundo sea liberado de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Di esto a sus teólogos. Este tiempo es Nuestro tiempo. Ven ante esta imagen y pide”. Y ahora la Señora se va lentamente.
Mensaje N. 39
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